BrujitaNo recuerdo cuando fue la primera vez que escuché o leí algo sobre vidas pasadas. Puede haber sido en mi adolescencia. Desde esa ocasión todavía resuenan las palabras de mi paire denostando la idea.
Pueden haber pasado fácilmente unos 10 años o más, antes de volver a toparme con alguien que me hablara de ellas.
Si estrujo mi memoria, aún cuando empecé a leer el tarot, y aprendí astrología, encontraba apenas una que otra referencia suelta sobre el tema.

Años después me topé con una amiga que sabía hacer regresiones, y me hizo una. Vi imágenes de una muerte mía en el agua, que me sirvió para aclarar mi horror a hundir mi nariz bajo el agua… si es que lo veía era cierto. Eso fue lo que pensé entonces.
Luego llegué a los libros de Brian Weiss, y algo me hizo clic, y empecé a hacerme una regresión tras otra. En mi estilo de autoexigencia extrema y mi gusto por meterme en las patas de los caballos -cosa que no recomiendo para sensibles e impresionables-, grabé un casete con el guión que sale en su primer libro, y por muchas noches me quedé dormida viendo imágenes y películas que a veces me sonaban a fantasía y otras veces a un sueño.
No me terminaba de convencer, pues no había como probar que lo que estaba viendo había ocurrido alguna vez. Podía ser mi imaginación, inventos míos. ¿Cómo saber?
Pero insistía en seguir escuchando el casete –aunque a veces dentro de la misma regresión me decía que me estaba contando el cuento sola-. Pero porfiadamente fui anotando todo lo que veía en una libreta de apuntes que todavía guardo.
Me decía que no había cómo saber. A menos que alguna vez obtuviera un nombre que pudiera seguir en algún tipo de registro. O una sepultura… o cualquier cosa similar.

Andando el tiempo, un día conversando con mi amiga que me hizo la regresión, decidimos buscarnos mutuamente, a ver si veíamos lo mismo. Sería una prueba interesante.
Yo la busqué primero, y vi unas imágenes bastante precisas de una vida como indígenas. No quise contarle, pues la idea era que ella también se indujera un trance, para luego comparar versiones.
Recuerdo tan bien aquella noche de primavera, saliendo de la Feria del Libro en la Estación Mapocho. Ella me cateteó hasta que le tuve que contar qué había visto. ¡Trampa!, dije yo, pues ella no se había hecho la regresión. Pero sucedió que yo no terminé de contarle y ella pudo completar mi propia imagen, con detalles que yo también había visto… ¡y seguimos completando la película entre las dos! ¡Wow! ¡Fue impresionante! Casi vomito en la calle, me tuve que sujetar de los postes, de los árboles.
¡Fue un shock!

Luego vino algo mucho más fuerte.
Cuando por fin se cruzaron los caminos de mi amorcito y el mío, cuando por fin sentí lo que era amar, y cuando apenas había alcanzado a contarle algo de mis inquietudes y ni media palabra sobre las regresiones, una tarde con sol invernal sucedió algo imposible.
Él empezó a hablar rápido, semi despierto, en un semi trance: me veo viviendo en tal parte, tú estás ahí! Luego se tomaba la cabeza y saltaba 500 años hacia otro continente: y ahora somos pareja!… y retrocedía 1000 años a otra era: y otra vez estás ahí!
Lo aterrador e inexplicable es que él vio varias de las vidas que yo tenía anotadas en ese block del que ni siquiera sospechaba que existía.
¿Cómo pudo suceder eso? ¿Vendrá efectivamente de vidas pasadas esa cercanía tan inexplicable y ese reconocerse desde las entrañas el uno al otro? ¿Será que hay una manera distinta de comunicarse y pasarse información de una mente a otra? ¿Es que la telepatía existe? ¿Me leyó mi mente?
Todas las explicaciones me parecían mágicas y casi pavorosas por esos días.

BrujitaSeguí leyendo libros de Brian Weiss, pero me sonaban sosos, su explicación poco convincente. Como si él mismo todavía no se lo creyera en forma definitiva.
No. No me convencía.
A veces buscaba información jugando con las cartas del tarot. Pero tampoco.
Leí los libros del supuesto lama Lobsang Rampa, y algunas de las cosas que él decía sobre el tema sí me convencieron.
Lo curioso fue que con este juego de hacerme regresiones fueron aflojando miedos irracionales –así les decía yo-, como el miedo a los cuchillos. Claro, si había muerto acuchillada una vez.
Ver que había muerto ahogada era una explicación lógica a mi imposibilidad de sumergir mi nariz siquiera 1 cm. Ver que había muerto asfixiada por humo explicaba mi asma.

Las claves más creíbles y las certezas vinieron en los últimos años. Cuando aprendí a leer directamente en el aura la información que guarda de sí mismo nuestro espíritu, pude comprobar imágenes vistas años antes en las regresiones.
Cuando fui capaz de leer las imágenes y entender lo que veía en mi y otras personas, empecé a tener la certeza interna de que sí hay vidas pasadas, todos las tenemos, y son muchas… ¡muchas!

Cuando pude ver el aura, y comprobar junto a mis compañeros de estudios que varios veíamos lo mismo en el aura de otro… entonces todo empezó a encajar perfectamente.
La prueba empezó a ser creíble, cuando con la misma técnica de leer el aura pude ver eventos de la niñez de alguien, y eventos de otras vidas. Si varios – y ese varios incluía al profesor- veíamos lo mismo, si varios obteníamos la misma información, o la complementábamos entre todos… entonces… ¡era cierto!
¡Wow!

¡Y… sí!
¡Las vidas pasadas explican tantas cosas de la presente!
Cómo no tener horror a sumergirte en el agua si has muerto en maremotos, en naufragios, ahogada por otros. Cómo no tenerle miedo al fuego si fuiste quemada por Brujita en una hoguera, si moriste en un incendio.
Cómo no tener miedo a los precipicios, si más de una vez te caíste por uno y moriste. Cómo no elegir vivir sin hijos si se te murieron muchos en tus brazos.
Cómo no temer a tu padre actual si te ha matado varias veces en vidas pasadas. Cómo no detestar a tu madre si en vidas pasadas te traicionó.
Cómo no amar con todo su ser y todas tus tripas a alguien, si han sido pareja en más de 100 vidas hacia atrás.
Cómo no reconocer a alguien si has estado unido a él desde que llegamos a este planeta…. hace un par de miles de encarnaciones atrás.
Y vaya que es sorprendente descubrir que vamos repitiendo ciertos temas a lo largo de nuestras vidas. Experimentamos una y otra vez el tema de la tortura, o del poder. O la guerra. O el amor por el estudio.

BrujitaY más sorprendente aún es descubrir que nosotros mismos hemos planificado vivir cada vida. Nosotros mismos decidimos vivir en tal o cual país, y encarnar junto a determinados espíritus. Nosotros escogimos ser hombre o mujer. Vivir en pobreza o en abundancia. Vivir en una cultura machista o en una libre. Vivir la guerra o la paz.
Y hay más.
Nosotros mismos – en un nivel de conciencia más alto- le pedimos a ciertos espíritus que nos dificulten la vida, y a otros que nos ayuden.

Lo interesante es que ahora está llegando este conocimiento al mundo occidental, ahora podemos rescatar desde las profundidades de nuestra conciencia el recuerdo de otras vidas.

Ahora podemos recordar y entender.

Ahora es cuando… como dice una amiga.

Comparte esta nota: