Niño

Tu hijo, o un pupilo, un alumno ¿ve duendes, tiene amigos que tú no ves?
¿Ve o habla con alguien muerto?
¿Dice que alguien está enfermo?, ¿Qué puede ayudarlo?
¿Dice que no le gusta una persona por el “color” que tiene?

Si la respuesta es sí a todas las preguntas, estás ante un niño de estos tiempos: un niño psíquico.
Y un niño psíquico, es un niño que ve directamente la energía, aunque no tenga forma física.

Tengo cerca de unos cuantos de estos niños, y no dejan de sorprenderme, pues cada uno es un mundo aparte, cada uno tiene sus particulares características, en cuanto a su percepción, a lo que son capaces de hacer, de ver, de escuchar… etc… etc…

¿Qué hacer si tienes un niño de estos cerca de ti?

Para empezar, es importante saber que todos los niños perciben las energías y el aura. Todos percibíamos así… hasta que entramos al colegio. Ahí nos enseñaron que los duendes no existen, que nadie tiene luz a su alrededor y que es imposible hablar con los muertos. Y si no nos lo dijeron directamente, con sólo calificar lo que veíamos como producto de nuestra imaginación, nos invalidaron la percepción.

Los seres humanos tenemos los sensores y el sentido necesarios para percibir directamente la energía, pero como nadie nos lo ha dicho, lo ignoramos. Entonces nos espantamos cuando un niño nos dice que ve gente muerta.
¡Pero es lo más natural del mundo!

Los niños de estos tiempos vienen con este sentido más despierto y no están dispuestos a perderlo. Ver directamente la energía es una habilidad tremendamente útil, pues podemos conocer las intenciones reales de las personas, saber cuando mienten, cuando dicen la verdad, si están enfermas… Imagina qué fácil sería la vida para tu hijo si crece con esta habilidad: sabría si le mienten, si puede confiar en una persona o no. Podría tomar decisiones muuucho más informadas sobre su vida.

Según referencias de profesionales que estudian el tema de los niños índigo y cristal, el 80 a 90% de los que están naciendo en estos años son extremadamente síquicos, y son conscientes –aún a su corta edad- de que ven más que los adultos que tienen cerca. Personalmente he visto niños de 3 años con conciencia total de su percepción aguzada, y de que si lo comunican, no los entenderían.

Entonces, ¿qué hacer?

Lo primero que es importante saber es que los niños ven el aura, ven los colores de las emociones y las sienten, por lo que tienen claridad total sobre las emociones que sienten los padres y adultos que los rodean. Es totalmente imposible mentirle a un niño y decirle que uno está bien si la realidad es que la tristeza te inunda. No sacas nada con esconderte detrás de una puerta a llorar, pues aunque no te vea físicamente, percibe claramente tu tristeza, rabia, miedo, etc. Incluso puede que perciba exactamente el motivo de tus emociones.

Lo mejor es decirle a un niño que uno está triste, y con la mano en el corazón, decir en voz alta ante él: sí, la mamá está triste, es MI tristeza.

Este truco cobra muchísima importancia para la salud del niño, pues hasta los 4 años, los niños viven dentro del aura de lo padres, por lo que absorben todas las emociones de ellos. Si consideramos que nos enfermamos por acumular emociones… llegamos a la conclusión que los niños se enferman por las emociones de los papás, no por las propias.
Entonces, reconocer las propias emociones, y hacerse cargo de ellas, hace que el niño entienda que no es necesario copiar ni absorber las emociones de los papás. Esto hace que crezcan más sanos, física y emocionalmente.
Este truco es tan potente, que se puede usar incluso con recién nacidos. Lo he probado.

Los niños de estos tiempos son tan perceptivos, que uno puede jugar con ellos, imaginando objetos brillantes y coloridos, como soles, estrellas, globos, moviéndolos rápidamente con la imaginación. La mayoría de los niños lo verán y se reirán.
Pruébenlo… se sorprenderán.

De la misma manera, si tienes un niño pequeño en brazos, y hablas de algo que te provoca  tristeza, miedo, rabia, culpa… el niño se inquietará inmediatamente, pues ve los colores e imágenes del aura, y como son oscuras… le disgustan y lloran.
En estos casos sirve aplicar inmediatamente el truco de reconocer las propias emociones y pensar en cosas alegres y brillantes.

Por esta misma razón, si tu niño te dice que no quiere ir con la abuela, o la tía, pregúntale por qué. A lo mejor está viendo que la abuela está enojada, y la ve roja oscura entera, y se asusta con la imagen.
Si se pone a llorar siempre que ve a una persona, pon atención, pues esa persona anda con baja vibra, y a tu niño le disgusta profundamente. No es maña. Puede que esa persona esté enojada, esté con depresión, o esté con el aura particularmente oscura y sucia. Y una persona de aura oscura y sucia –para la lógica de tu niño- es menos confiable que una con aura limpia y brillante.
Respecto de este punto, es importante aclarar que un ladrón, un delincuente, un timador, etc… nunca tendrá el aura limpia y brillante.

Si un niño dice que tiene un amigo pequeñito, y tú no lo ves, créele. No lo está inventando. Pídele que te lo describa, dile que tú no lo ves, pero que quieres saber sobre su amigo. En general son duendes que juegan con los niños. Sólo a veces son duendes molestosos, y en esos casos los niños se asustan. Si es así, busca ayuda para sacar al duende de casa. Si tu niño disfruta, juega se ríe, déjalo con su amigo… ¡pero créele!

Si tu niño dice que una persona está enferma, pregúntale cómo lo sabe. Dile que te describa lo que ve, si le gusta, si no le gusta. Los niños que distinguen a los sanos de los enfermos ven claramente el aura, los colores, y saben distinguir los colores de enfermedad y los de salud.
Puedes ayudarlo a que no pierda esta sensibilidad, jugando con él en lugares con harta gente, y preguntándole sobre lo que ve.

Lo mismo con lugares físicos: si dice que un lugar no le gusta, pon atención, está percibiendo algo que tú no ves. Valídalo y pregúntale por qué, dile que te describa lo que ve, lo que siente.
También dile que te describa lo que ve si un lugar le gusta, pues así le ayudas a que entrene este “sexto sentido”.

Entre todos estos niños, algunos vienen con capacidades de sanación que se les despiertan a muy temprana edad. Entonces no te sorprendas si un pequeño de 3 años dice que puede ayudar a sanar a la abuela o la tía. Si te dicen algo así, pregúntale cómo puede hacerlo, qué ve, qué siente.
Si el niño siente que puede ayudar a sanar, es real, no está inventando.

Con estos niños de la nueva era es necesario reconocer que uno no ve lo mismo que ellos, pero al mismo tiempo hay que mostrarse interesados en lo que ven, preguntarles, pedir que expliquen, que describan. Y cuando ya sean más grandes, que dibujen lo que ven.
Eso los hará sentirse validados, y evitará que al crecer pierdan este sentido tan potente y útil que tenemos los seres humanos.
También es importante tomar conciencia de que no todos los adultos los comprenderán, por lo que es necesario enseñarles que verbalicen sus percepciones sólo ante personas que ellos sepan que los van a comprender.

Estos nuevos niños, van más allá de lo que van los índigos y los cristal, se les suele llamar “niños dorados”, por el color de su aura. Y son los que construirán el nuevo mundo.

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