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Embriones
congelados para fertilización "IN VITRO" ¿Qué pasa con los que
sobran? María Teresa Villafrade El Mercurio Viernes 30 de Agosto de 2002
A una chilena le perdieron el
semen congelado de su esposo; una viuda reclama el apellido de su
marido muerto para sus hijos concebidos "in vitro"; una pareja
homosexual tuvo cuatrillizos; una divorciada reivindica su derecho a
procrear siete embriones congelados de su ex marido... Casos
excepcionales que no son el centro de la polémica de la reproducción
asistida. Lo que sí importa es qué hacer con los cientos de miles de
embriones criopreservados sobrantes y que nadie reclamará. ¿Hay en
Chile "huevos" en el congelador?
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| El óvulo (gameto
femenino) está a punto de ser fecundado por el
espermatozoide (gameto masculino).Óvulo fecundado en
estado de pronúcleo. En esta etapa se congelan en Chile,
porque todavía no se funden las cargas genéticas del
gameto masculino y del
game | |
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 | María Teresa
Villafrade
Elisa, una profesional de 35 años, creyó que el
mundo se le venía abajo cuando en 1995 le detectaron a Esteban, su
esposo, un avanzado cáncer testicular. Como todavía no tenían hijos,
los médicos decidieron extraerle una muestra de semen al marido
antes de someterlo a la quimioterapia. "Me dijeron que de esta
manera podríamos asegurar para el futuro nuestra descendencia. La
muestra quedaría congelada y yo podría hacerme una fertilización in
vitro más adelante, cuando Esteban se hubiera recuperado por
completo", cuenta ella.
Este joven matrimonio luchó durante
años contra el cáncer y una vez que la amenaza de muerte
desapareció, ambos decidieron que estaban en condiciones de traer un
hijo al mundo. Elisa recurrió a una prestigiosa clínica de
indiscutida trayectoria en este tipo de tratamientos en Chile, pero
hoy está arrepentida y dolida.
La única razón por la
que quiero contar esta historia, incluso contra la opinión de mi
marido, es porque me he dado cuenta de que estamos frente a una
medicina mercantilizada. Cuando las cosas marchan viento en popa,
todos te tratan regio, pero apenas surgen los problemas comienzan
las malas caras y los malos tratos, y una se siente amenazada en un
lugar que debería acogerte y protegerte dice.
Después
de permanecer 16 días con seguimiento ecográfico e inyecciones
diarias, le extrajeron a Elisa los óvulos que serían fecundados por
el semen descongelado de Esteban. Pero la muestra no apareció.
Estaba recién saliendo de la anestesia cuando oigo que
el médico le cuenta esto a Esteban y le pide muy suelto de cuerpo
que reúna a sus hermanos para que ¡ellos donen sus espermios! Casi
me muero de la impresión con esas palabras. ¿Cómo pudo sugerir algo
semejante? Bueno, el caso es que después apareció la muestra de
Esteban y ahí nos contaron que había sido mal congelada, pero que
igual fecundarían mis óvulos a ver si resultaba. Por supuesto que
todo salió mal. Ya no hay forma de que podamos tener hijos propios.
Ambos sabían que el tratamiento podía no salir bien, aun
cuando la muestra hubiera sido bien congelada. Pero lo que más les
duele es la forma en que fueron tratados.
No hay
ninguna consideración. Yo entré a ese centro como si fuera una
máquina más de un gran engranaje en el que todo tiene que encajar y
funcionar bien. Como esto no ocurrió y yo reclamé y me quejé,
empezaron los silencios, las explicaciones titubeantes. Es como
entrar a una fiesta y que todos se queden callados al verte. Nadie
se hizo responsable por lo que pasó, se culpaban unos a otros y la
sensación de caos y de desorden era total. Apenas salía de la
ecografía toda deprimida, me comenzaban a cobrar. Me trataban como
si fuera una cosa y no una persona. Fue horrible. Lo único que
mitigó un poco la terrible situación que pasamos, fue que el médico
tratante tuvo la delicadeza y honradez de reconocer que hubo errores
y hacerse cargo de que no se nos cobrara por el
tratamiento.
Elisa no quiere saber nada más de ninguna
técnica de fertilización asistida y está pensando seriamente en
adoptar un hijo y su caso, que claramente es una excepción a la
norma, se suma al de otros errores que la prensa internacional
difunde con gran espectacularidad. Como el de aquel matrimonio de
ingleses que en lugar de tener hijos blancos, tuvo mellizos de color
por un dramático error en la transferencia de embriones.
La
técnica, además, se presta para que mujeres solteras, como la actriz
Jodie Foster, puedan tener hijos con donantes anónimos, o para que
Michael Jackson tenga hijos blancos siendo él negro. O para que
viudas, como Diane Blood, logren procrear hijos póstumos.
Diane, inglesa de 36 años, está enfrascada en una batalla
legal para que se reconozca a los dos hijos que ha tenido de su
esposo muerto en 1995, el derecho a llevar el apellido paterno. Liam
y Joel Michael nacieron gracias al esperma que se le extrajo a
Stephen Blood estando en coma, un hecho inédito en el mundo. La ley
inglesa exige el requisito de que exista un consentimiento previo
del padre para otorgar su apellido a la descendencia.
En
Inglaterra, acaban también de negar a los padres de un niño que
padece una rara enfermedad de la sangre la autorización para
concebir in vitro un bebé "a medida", cuyas células podrían curar a
su hermano. Más antiguo y célebre fue el caso de Mary Sue Davis,
madre de siete embriones congelados que reclamaba el derecho a que
le fueran transferidos pese a que estaba divorciada de su esposo y
este se oponía rotundamente.
Las historias no terminan. En
Europa ha aumentado el número de parejas de lesbianas que acuden a
los centros de fertilidad para concretar sin tanto trámite su deseo
de ser madres. Recién en Estados Unidos, una pareja de homosexuales
acaba de ser padre de cuatrillizos gracias a la generosidad de una
amiga que se ofreció a someterse a un in vitro con los espermios de
uno de ellos.
Guardar y congelar
El doctor Juan Pablo
Beca, experto en bioética, acaba de publicar el libro El embrión
humano con el fin de aportar al debate nacional sobre el tema no
resuelto del inicio de la vida. Él nos explica que el riesgo de mal
uso o el abuso no es argumento suficiente para atacar la
fertilización asistida.
Es como prohibir el uso del
automóvil porque hay una gran cantidad de gente que se mata
conduciendo. El hecho de que yo haga mal uso de un auto no significa
que el auto sea malo y deba desaparecer. El 99 por ciento de los
casos que recurren a estas técnicas médicas son parejas infértiles.
El tener un hijo póstumo, el congelar los espermios de un paciente
con cáncer que se va a irradiar, y los otros casos que se han dado,
algunos son comprensibles, otros inaceptables, pero todo esto no es
culpa del conocimiento ni de la técnica explica.
A su
juicio, en Chile, los ocho centros de fertilización asistida que
existen (de los cuales sólo el del hospital San Borja Arriarán es
público) actúan con enorme responsabilidad. Y, aunque cada uno tiene
sus propias normas y se atienen a algunas recomendaciones
ministeriales sin peso legal, todos sin excepción priorizan el
derecho del hijo por nacer a contar con una familia "con padres
heterosexuales y lo suficientemente maduros".
Es otra la
discusión que genera polémica a nivel mundial y tiene que ver con
los cientos de miles de embriones congelados (o criopreservados)
cuyo destino nadie ha establecido aún. Porque sucede que la
fertilización asistida implica dejar en barbecho otros embriones. No
todos pueden ser transferidos a la madre, porque se arriesga la
ocurrencia de partos múltiples; esto es lo que origina el
sobrestock. Beca dice que congelar no es la única manera, porque
existen otras formas de lograr el embarazo in vitro. En la clínica
Alemana, por ejemplo, se tomó la decisión de no criopreservar,
precisamente para no enfrentar a futuro el dilema de una posible
eliminación.
Para los especialistas chilenos el tema no está
resuelto y es muy delicado. Al punto de que se habla
eufemísticamente para no reconocer que lo que se congela son
embriones. Y algunos especialistas ni siquiera hablan sobre el
polémico tema. En las clínicas Las Condes y Las Nieves admiten que
se criopreservan óvulos fecundados "en estado de pronúcleos o
cigotos"; es decir, en la etapa previa al estado embrional. En estos
casos, las parejas son las responsables de planear el rescate de
estas células dentro de un plazo razonable: hasta dos años de
efectuada la fertilización. Si no los emplean para otro embarazo,
tienen que firmar un consentimiento de donación para otra pareja
infértil que los desee. En ningún caso, afirman enfáticamente, los
óvulos fecundados son desechados.
El doctor Alberto Costoya,
presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de
Esterilidad y Fertilidad (Flasef), fue el especialista que trajo al
mundo la primera guagua in vitro en Chile y en Latinoamérica.
Explica que la razón por la cual en nuestro país no se congelan
embriones, sino pronúcleos, tiene mucho que ver con nuestra
realidad, "donde hay un ascendiente católico importante".
Pensamos que antes de que exista el embrión propiamente
tal no ha comenzado una nueva vida, porque no se ha producido la
división celular que lleva a la constitución de un ser humano. Estos
pronúcleos no son cosas ni tampoco son personas; a nuestro juicio
tienen un estatus especial y son tratados con mucho respeto. Yo no
puedo llegar y botarlos a la basura dice Costoya.
Chile
no cuenta con una legislación de tratamiento de embriones y tampoco
se ha estipulado qué hacer con aquellos óvulos fecundados en estado
de pronúcleo sobrantes, aquellos que nunca van a ser reclamados por
sus progenitores. Se pueden donar a otras parejas, pero está claro
que no todos van a ser utilizados.
Juan Pablo Beca aclara:
Decir que un embrión es intocable no es decir mucho. Mi
posición es que nadie puede señalar que lo sabe todo y nadie es
dueño de la verdad absoluta. Por eso, en mi libro no busco definir
el inicio de la vida ni condenar una u otra posición, sino entregar
los elementos de juicio para que cada uno adopte una postura
fundamentada. Todo el mundo biológico sabe que el llamado "momento
de la concepción" no existe. Es un proceso que toma horas o días. El
huevo fecundado es evidentemente una célula humana viva. El embrión
de dos, cuatro u ocho células es humano y nadie tiene dudas de eso.
Pero que tenga todo lo que lo va a caracterizar como adulto, no lo
tiene. Durante la implantación en el medio materno se produce un
intercambio que determina cómo se van a expresar los genes.
Entonces, usted es quien es y cómo es dependiendo no sólo de su
genoma, sino del aporte "epigenético" que adquiere de su madre en el
proceso de implantación.
Beca está consciente de que esta
situación biológicamente nueva, desarrollada por teólogos y
filósofos españoles, no todo el mundo la acepta. Pero también
agrega: "Nadie puede decir en qué momento, desde el punto religioso,
un huevo fecundado (ya sea en forma natural, artificial o in vitro)
tiene alma, desde cuándo y en qué instante". Para él no es tan claro
todo aquello que se nos ha enseñado y que ha predominado en nuestra
cultura respecto del inicio de la vida. Toda una discusión que
estuvo en la palestra el año pasado cuando se autorizó en Chile la
venta de la famosa píldora del día después.
Ha cambiado
desde el punto de vista biológico el concepto y esto abre la puerta
para manejar el tema de la fertilización in vitro, del congelamiento
de embriones, de los anticonceptivos de emergencia y de los
dispositivos intrauterinos de otra manera. En ningún caso tiene que
ver con la discusión del aborto, asunto que rechazo completamente
precisa.
Y mientras nosotros en Chile seguimos
discutiendo en qué momento se inicia la vida, en los países europeos
y en Estados Unidos la discusión se centra en qué hacer con los
embriones congelados sobrantes o remanentes de la fertilización
asistida. ¿Los usamos para curar enfermedades como la diabetes, el
Parkinson y el Alzheimer, o los botamos a la basura?
Es
un paso difícil, porque desde un análisis meramente utilitario
aparece razonable emplearlos. Pero, en este caso, estamos haciendo
uso de un ser humano como medio y no como fin. Ese es el dilema no
resuelto del momento. La mayoría de los países rechaza la idea de
fabricar embriones humanos sólo con ese fin dice Juan Pablo
Beca.
Arthur Caplan, director del Centro de Bioética de la
Universidad de Pensilvania, asegura, por ejemplo, que no sería ético
generar embriones para derivar de ellos células troncales, pero él
no ve dificultad ética en la utilización de los embriones congelados
fruto de una fecundación in vitro que están "destinados a morir y
son prisioneros de la utilidad de la industria". Para él, generar
embriones con la intención de destruirlos es una aberración, pero no
lo es utilizar para terapia celular aquellos que nadie va a
reclamar.
Además de esta polémica, hay otra que tiene que
ver con el congelamiento y descongelamiento de los embriones. En el
libro de Juan Pablo Beca, El embrión humano, se afirma: "Otras
objeciones a la criopreservación plantean el riesgo de que el
congelamiento y posterior descongelamiento produzca daño al embrión,
lo que se ve apoyado por el hecho de que la tasa de sobrevida
embrionaria después de su descongelación llega sólo al 50 o 60 por
ciento. Por otra parte, no hay estudio de seguimiento de niños
nacidos por transferencia de embriones congelados, pero en
experimentación animal se han demostrado efectos deletéreos
(destructores, mortíferos) de aparición tardía. Se plantean entonces
importantes objeciones éticas por el riesgo de hacer daño...".
El neonatólogo francés Jean-Pierre Relier causó estupor, en
mayo de este año, con su libro Adrián o la ira de los bebés, al
condenar el uso excesivo de la procreación médica asistida que se
está haciendo en su país y denunció: "Estudios científicos serios
han demostrado que las ratas concebidas in vitro son estériles". Y
eso que las ratas se reproducen más rápidamente que los humanos.
Además, la revista médica New England Journal of Medicine dio a
conocer hace pocos meses los resultados de un par de estudios en los
que los bebés concebidos in vitro tienen una probabilidad dos veces
superior al promedio de nacer con defectos o poco peso. Según
Alberto Costoya, no existe una terapia médica más reportada y
sometida a investigación que la fertilización asistida. Antes de
ella, el embrión humano no era tema de interés social. Y en Chile
todavía se discute si es legítimo o no traer un hijo al mundo con
ayuda de la técnica.
Se calcula que en el mundo hay un
millón de niños que han nacido gracias a la fertilización asistida
en las últimas dos décadas. ¿Se debe o no asumir los riesgos
inevitables que conlleva una ciencia que trabaja con los límites de
la vida humana?
Costoya responde que sí. Aliro Franco, el
primer niño nacido in vitro en Chile, tiene 17 años y está
estudiando en la universidad. "La primera vez que vi un embrión
humano fue Aliro en etapa de dos células. Hoy hombres y mujeres
infértiles tienen la posibilidad de procrear con ayuda de la técnica
médica, pero nosotros no somos dioses, no damos vida, somos unos
simples intermediarios. Un hijo va a ser siempre un regalo y para
los que son creyentes, un regalo de Dios".
El embrión, según
la fe
Iglesia Católica: Durante muchos siglos suscribió
la tesis de que el embrión humano recibía el alma racional una vez
que estaba suficientemente conformado. Sin embargo, desde mediados
del siglo veinte, ha sido una férrea defensora de la tesis que
confiere el estatuto de persona humana al embrión desde el momento
de la fecundación.
Iglesia Anglicana: A través de sus
sínodos generales ha hecho una tímida defensa de la vida humana en
su estado embrionario. Avala un respeto general a la vida
intrauterina, pero no tiene una postura unánime sobre el estatuto
del embrión humano.
Judaísmo: Niega al feto el estatuto
de persona; sin embargo, considera que se debe respetar su
desarrollo, puesto que es un ser humano en potencia. En relación a
los embriones obtenidos por técnicas de reproducción asistida, estos
no son seres humanos porque no tienen posibilidad de ser viables,
pudiendo ser destruidos o utilizados en experimentación científica.
Islamismo: Los musulmanes sostienen que el feto recibe
el alma a los 120 días después de la concepción y, cuando está en
peligro la vida de la madre, las autoridades musulmanas concuerdan
en que se justifica plenamente el término de la gestación.
Fuente: El embrión humano, de Juan Pablo Beca
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