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ELLOS
TAMBIÉN SON INFÉRTILES
El
hombre es responsable del 50% de los problemas para concebir
en la pareja; ahora, una revolucionaria técnica médica promete
solucionar la más común de las causas de infertilidad
masculina.
La infertilidad masculina ha ido
en aumento en los últimos 50 años en los países occidentales.
De eso, ya no hay dudas. Estudios efectuados por organismos
internacionales de salud, por ejemplo, indican que en 1940
los hombres eran capaces de producir, en promedio, 113 millones
de espermios por milímetro, cifra que cae estrepitosamente
a 66 millones en 1990.
Sin
embargo, la ignorancia respecto al tema no ha variado
sustancialmente. Una encuesta que llevó a cabo la empresa MORI
en el Reino Unido reveló que más de dos tercios de la
población británica asocia la infertilidad exclusivamente a
dificultades en la mujer (específicamente, a malformaciones en
las trompas de falopio) y un cuarto la considera como un
problema de gente mayor. Aún más, el 50 % piensa que "hablar
de infertilidad en el hombre" constituye un tópico
"vergonzoso".
Probablemente es esta visión, que no varía demasiado en
el resto de los países, la que determina el hecho de que los
hombres sean los últimos en cuestionarse a sí mismos, cuando
la pareja no logra concebir. Y también, que sean los primeros
en sorprenderse cuando conocen su real aporte al problema: el
50 % de las dificultades de infertilidad en la pareja se debe
al hombre, según estadísticas publicadas recientemente por la
revista especializada Nature.
Uno de los
grandes avances en este problema es la posibilidad de congelar
espermios y utilizarlos en fertilizaciones in vitro, pero el
éxito de esta opción depende, en gran medida, de la calidad de
los espermios obtenidos y del nivel de "mortalidad" de éstos
en los procesos de congelamiento y descongelamiento.
El asunto
no es menor si consideramos que el 15 % de las parejas
chilenas sufre problemas de infertilidad. Un grupo de
investigadores de la Universidad de Pennsylvania (Estados
Unidos), sin embargo, acaba de desarrollar una revolucionaria
técnica que pasaría por alto tales inconvenientes: el
trasplante de células germinales.
Según
explica el doctor Cristián Huidobro, jefe de Urología de
Clínica Las Condes, son varias las causas que producen la
incapacidad de fertilización masculina. La más común, que está
detrás de un 70 % a un 90 % de los casos, es una anomalía en
los testículos, que redunda en el desarrollo normal de los
espermios y, por lo tanto, en su cantidad, movilidad (es
incapaz de nadar por la uretra y alcanzar las trompas de
falopio) o forma (no puede penetrar la capa exterior del
óvulo).
O, en
algunos casos, en una ausencia completa de espermios.Las
razones que explicarían estas anomalías no son del todo
conocidas. El doctor Huidobro señala que el varicocele (o
pequeñas várices en el testículo, casi siempre el izquierdo)
es una de las que sí se sabe. Para estos casos, la cirugía
correctiva logra recuperar la fertilidad en el 80 % de los
casos. Otra son las secuelas producto de radioterapias contra
el cáncer y el no tratamiento oportuno de la criptorquidia; es
decir, cuando los testículos no se depositen en el escroto.
Lo normal
es que este proceso se produzca antes de los tres años de
vida. De lo contrario, si los padres esperan que se corrija
naturalmente en un tiempo más prolongado, la producción de
espermios decaerá."Los efectos se notarán cuando el niño
llegue a la adultez. Tanto así que, para estos casos, hoy se
recomienda que a los 20 años el joven congele sus espermios,
porque no existe garantía de que a los 30 vaya a tener la
cantidad suficiente para ser fértil. Claro que siempre existe
el riesgo de que, al congelar y descongelar, los espermios no
sobrevivan, sobre todo si no son de buena calidad", dice
Huidobro.
Lo que
hicieron los científicos de la Universidad de Pennsylvania,
entonces, fue trabajar en la etapa previa a la formación de
espermios anómalos. El doctor Ralph Brinster y su equipo tomó
las células germinales de un ratón con problemas para producir
espermios y las trasplantó al testículo de otro animal sano.
El resultado: el receptor desarrolló espermios completamente
aptos para fertilizar un óvulo y cuya descendencia llevó la
marca genética del donante.
Uno de los
avances más importantes de esta técnica es que trabaja con
células germinales; es decir, las encargadas de fabricar
espermios, por lo que la posibilidad de que sobreviva al
proceso de congelación y descongelación es infinita, todo lo
contrario de lo que ocurre con un espermio.
Luego de
que los espermatozoides se desarrollen en el testículo
receptor, se extraen y se vuelven a introducir en el del
donante para que éste tenga una eyaculación sana. Para
identificar cuáles son los espermios del donante, en un
principio de utilizó un colorante especial. "Para este
experimento en particular, sin embargo, optamos por utilizar
el testículo de una rata que no produjera espermios pero que
sí pudiera cultivarlos", explicó a Qué Pasa el doctor Ralph
Brinster.
Aunque se
trata de una técnica aún en proceso experimental, el
investigador asegura que la posibilidad de aplicarla en seres
humanos no es tan lejana. "El trabajar con espermios
almacenados y congelados puede traer complicaciones; en
cambio, el tejido testicular congelado parece no requerir de
mayor manejo", dice Brinster. Más aún, si se trata de abrir
una oportunidad para niños que sobrevivan al cáncer.
Para el
año 2010, se espera que ellos representen el 0,25 % de la
población adulta en el mundo. Hasta el momento, poco y nada se
ha podido hacer con el peligro de infertilidad que las
radioterapias generan en estos pacientes, ya que en la
prepubertad no se producen espermios, por lo queda descartado
el congelamiento de éstos. "Ahora, la alternativa de
congelamiento de células y el tratamiento posterior les podría
dar una protección necesaria, pero considerando que se debe
prevenir la reintroducción de células cancerígenas", comenta
Brinster.
El asunto
no ha dejado de plantear controversias de índole ético.
Explica el científico: "Los genes de los espermios ya
fabricados son fijos, mientras que los espermios generados de
células testiculares aún conservan todas las combinaciones
potenciales de los genes del macho. Es un modo de inmortalizar
el maquillaje genético de un hombre". En otras palabras,
congelar la célula germinal es una manera de preservar la
"fábrica" biológica que manufactura el espermio y con ello, la
posibilidad de "escoger" las características del macho que se
quieran mantener en la descendencia. O en el mejor de los
casos, desde un punto de vista ético, "eliminar" aquellas
enfermedades que se transmiten en la herencia.
La otra
cara de la moneda
La
anticoncepción es, hasta el momento, un problema básicamente
femenino. Desde la invención de la píldora en la década de los
'50, las mujeres han sido las responsables del uso de uno de
los métodos más eficaces en contraconcepción (99%).
Para los
hombres, en cambio, existen tres mecanismos posibles: el
preservativo, la vasectomía y la abstinencia.
Existe un
interés mundial por encontrar un método análogo a la píldora
femenina, pero hasta ahora nada ha sido definitivo. Un grupo
de científicos de la Universidad de Liecester (Inglaterra), en
conjunto con el Instituto de Investigaciones Biomédicas Glaxo
Wellcome en Ginebra, descubrió una forma de reducir la
eyaculación de espermatozoides y con ello, evitar la
fecundación. Un
mecanismo que evitaría los trastornos hormonales tan temidos
por los hombres y, al mismo tiempo, sería revertible en
cualquier minuto.
El
experimento, en ratones, consistió en eliminar un gen
receptivo llamado el P2X1. Este gen se ubica en las células de
los vasos deferentes, que son los canales que llevan el
espermatozoide desde los testículos hacia la eyaculación. El
gen P2X1 es el encargado de estimular los nervios que hacen
que los músculos de los vasos deferentes se contraigan y
provoquen la eyaculación. Su ausencia implica que dichos
nervios no se estimulen lo suficiente para que ocurra el
proceso.
La tasa de
embarazos de las hembras que se aparearon con machos sin el
gen receptor alcanzó apenas el 13,7 % en relación con el 100 %
que se registró en las hembras que copularon con machos
normales. La manipulación selectiva de este gen puede ser
utilizado tanto para la contracepción como para tratamientos
de infertilidad masculina.
Otro
intento, realizado en el Reino Unido, apunta a un tratamiento
de pastilla y parche: 23 hombres tomaron una pastilla de
progesterona (hormona femenina) mientras usaban un parche que
contenía testosterona (hormona masculina).
Los
voluntarios fueron divididos en tres grupos, los que recibían
bajos, medios y altos niveles de dosis de progesterona. La
mayoría de los hombres de los grupos alto y medio mostraron
cero actividad de espermios luego de tres meses y al dejar de
tomar la pastilla sus espermios volvieron gradualmente a la
normalidad. Este método aún se encuentra en
perfeccionamiento. |