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Testimonio:
"NO NOS
CUESTIONAMOS ÉTICAMENTE"
Es en
extremo difícil encontrar algún hombre que se atreva a hablar de su
problema de infertilidad. A diferencia de las mujeres, en Chile
existe un pudor relacionado con una concepción errada de la
virilidad. Los propios médicos del área aseguran que en muchos casos
la mujer se culpa del problema para evitarle a su marido cualquier
tipo de "sanción social".
Algunos
hombres no hablan argumentando que su mujer se molestará, los menos
reconocen que les da vergüenza. Otros logran soltar palabras a
través del teléfono, como Gonzalo, 38 años, ingeniero en
informática, casado con Laura, enfermera, 35 años. Su hijo nacido a
partir de la compra de espermios tiene actualmente un
año.
—¿Cuál fue su reacción al saber que era azooespérmico
crónico?
—Primero no lo creí. Pero no por una cosa de orgullo
masculino, sino porque nunca había oído acerca de esta enfermedad.
Hombres sin ningún espermio en su cuerpo, lo encontraba insólito.
—¿Preguntó en su familia si había
antecedentes?
—No, no fui capaz. Cuando el médico me dijo que no era
relevante, sentí cierto alivio, porque podríamos mantener el
problema en secreto con mi señora. Sin embargo, al tiempo lo
conversé con mis padres.
—¿Se
plantearon adoptar un niño?
—Sí, pero dijimos: si hoy la medicina permite simular una
inseminación natural, sólo que en este caso con los espermios de
otra persona, ¿por qué escandalizarse?
—Es
decir, no se cuestionaron el tema, ni ética ni
religiosamente.
—Fue complejo, porque somos católicos, y la iglesia decía que
en nuestro caso la opción era acudir a un hogar de menores. Pero yo
no quise negarle a mi mujer la posibilidad del embarazo, porque esta
experiencia es parte también del plan de la naturaleza,
¿no?
—¿Lo
volverían a hacer?
—Por supuesto. Pronto buscaremos un hermanito para Diego.
¿Sabes?, creo que en un tiempo más mucha gente va a tomar esto con
menos aprensiones, porque a nadie le gustaría estar en la situación
y sentirse herido, o denigrado, como si fueras un
leproso.
—No
abundan los hombres con esa actitud...
—Es una tontera, un vicio de egoísmo. Para mí todo esto fue
un aprendizaje, pienso que crecí emocionalmente, tratando de superar
mis propios prejuicios. Yo estuve con mi mujer no sólo en el parto,
sino también en el comienzo del proceso, en la sala cuando fue
inseminada. Y nunca nos cuestionamos el procedimiento éticamente.
Ahora nos sentimos realizados ambos. |