Escribo estas palabras todavía inundada por la tristeza profunda de la partida mi adorada tía.

Desde que inicié el camino de las sanaciones, han pasado por mi consulta todo tipo de pacientes, con enfermedades graves, otras no tanto, y otros con problemas emocionales. De los enfermos graves, la mayoría eligieron partir de esta vida, haciendo su proceso en calma, y con mucha luz, gracias a la sanaciones.

Entre todos “mis” pacientes, la historia más impresionante y aleccionadora es la de mi padre, quien eligió sanarse, tras un cáncer prostático terminal, que había avanzado literalmente hasta el cuello. Gran historia esta… alguien desahuciado por los médicos, que meses después llega caminando por sus
propios medios, sorprendiendo y dejando con la boca abierta a quienes le habían dado 14 a 21 días de vida.
Van casi 3 años de su maravillosa recuperación, y hasta ahora no hay huella de recidiva del cáncer.
Su historia no sólo es un ejemplo de la curación más sorprendente que he presenciado, sino también una lección profunda sobre el ejercicio del libre albedrío. Tras 15 o 20 sanaciones, él -al contrario de lo que la mayoría de los pacientes hace- no hizo ningún cambio emocional, no hizo cambio de switch… siguió siendo exactamente la misma persona de antes. Sólo usó de las sanaciones lo que necesitaba para sanar su cuerpo físico.
De todos los pacientes que he tratado, él corresponde al bajísimo porcentaje de personas que no cambian… con la diferencia que él está vivo y bastante sano.

Hacerle sanaciones a él, y a otros enfermos terminales, me ha enseñado a reconocer en las personas ese misterioso resorte interno que no todos tienen, que es el motor –más o menos consciente- para sanarse de cualquier cosa.
Han pasado muchos pacientes con cáncer por mi consulta, y en ninguno de ellos vi ese resorte… todos ellos eligieron partir de este mundo. Con todos ellos fui muy clara en mostrarles que las sanaciones los ayudarían a decidir, y que si querían irse, lo harían en calma. Algunos me pidieron ayuda concreta en el momento de empezar el proceso de desconexión del aura del cuerpo físico.
Tras atender tanta gente, he ido internalizando el cómo los seres humanos elegimos vivir o morir. Mi gran aprendizaje en todo esto ha sido el honrar el libre albedrío de cada paciente que atiendo, honrar su decisión libre de sanar o morir.

Y entre todo este aprendizaje… la adorada Lola.
La hermana de mi padre se empezó a enfermar en julio, y por esos días, intenté mantenerme clara y neutral –junto a una de sus hijas- para poder ayudarla, para que fuera lo que ella decidiera…
Algún día de invierno apareció la palabra y diagnóstico que asusta a todos: cáncer al hígado. Pero en la familia estaba despierta la historia de mi padre, como ejemplo de lo que es posible. ¿Qué hacer con todo esto?

La Lola.
Tantos almuerzos y cafés conversados junto a su hija menor. Tanto que nos escuchó hablar de las sanaciones, de los efectos, de cómo se hacen… si hasta tomó el primer curso.
Con todo esto… cuando llegó el diagnóstico, tuve la percepción clarísima que ella partiría pronto. Y sentí la desolación profunda dentro de mí de tener todo para ayudarla a sanarse o irse, y la claridad total de que nada de lo que yo hiciera por ella cambiaría su decisión.
Pero bloqueé esa percepción.
Y empezaron las sanaciones para ella; tanto de la técnica que manejamos con mi prima, como otras. Todos en la familia quisimos creer que era posible que se sanara, pues estaba el ejemplo de su hermano.
Y pasaron las semanas, y la Lola empezó a experimentar cambios curiosos como que se le empezara a poner el pelo negro, o la piel brillante y lozana. También tuvo un par de sueños que indicaban que había botado la enfermedad, y las emociones que la provocan.
En ocasiones sentí un pequeño ruido dentro de mí, de que la enfermedad avanzaba… pero no hice caso.

Hablamos con ella, de cómo se podía limpiar, cómo podía soltar la causa del cáncer. Le sugerimos ejercicios… y también tuvimos largas conversas explicándole el proceso de la muerte, y ofreciendo nuestra guía cuando quisiera cruzar el umbral.
Con mi prima intentamos ser neutrales, claras, siempre recordándole que era su decisión sanarse o morir. Aunque en el corazón deseábamos que ella eligiera quedarse, la sensación de que se estaba yendo era fuerte. Ella misma ya había reconocido que no le quedaban cosas por hacer.

Todo este tiempo seguí sintiendo la misma sensación extraña, mezcla de una claridad y comprensión profunda de los ciclos de vida, de la muerte, de las elecciones que hacemos, del sentido de la vida… junto con una tristeza recóndita, la sensación de partida inminente de una persona tan amada… sumado a la certeza de que dependía enteramente de ella, más allá de cualquier técnica de sanación a la que se sometiera.
Y llegó la noche de su única crisis….
Mi primera percepción fue que había llegado el momento de la desconexión del aura … pero de nuevo bloqueé. No quise ver lo obvio, lo que estaba sucediendo ante mis propios ojos de clarividente. No quise ver lo que sentí en mi corazón, en mi 4º chakra.
La Lola partió al día siguiente, en paz, acompañada de una nieta que ella eligió. A la hora y en el lugar que ella decidió, con la retina llena de los rosales del jardín y la imagen del amor de su vida que había venido a ayudarla a cruzar.

¡Qué dolor!

Un amigo me decía que nada podía decirme que yo no supiera… cierto. Y mi gran reflexión es que todo el conocimiento, toda la experiencia, las vivencias, no alivian la tristeza profundamente humana de la partida de un ser amado.
Soy un ser humano, con un cuerpo físico, con emociones, con creencias, con vivencias. Esto: precisamente este ciclo de la vida humana. Esto es lo que venimos a experimentar.
Tengo una percepción clara y profunda de lo que ha sucedido; sé dónde está ahora, puedo hablar con su espíritu, la veo llena de luz, tal como le dije que sería… pero ya no hay contacto físico. Y es eso lo que duele. El perder el contacto físico, con este cuerpo, en esta encarnación, en este país y época… la Lolita ya no está.
Y no me queda otra que fluir con mis emociones humanas y vivir la tristeza hasta la última gota.

Al mirar estas últimas semanas y meses, vamos recopilando los mensajes con que nos anunció suavemente a todos que quedaba poco tiempo para compartir su sonrisa y su regazo lleno de amor. Sólo nos queda honrar su decisión –tomada años atrás- de permanecer viva sólo si era autovalente y vital. La recordaremos con ese mismo amor que ella nos dio a todos.

¡Hasta la próxima vida juntas Lola querida!

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Aprendiendo sobre la vida y la muerte
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5 pensamientos en “Aprendiendo sobre la vida y la muerte

  • 16 enero, 2009 a las 17:10
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    Soy una convencida de que podemos curarnos a nos. mismos pero a pesar de eso no puedo curarme de los malos recuerdos,de una negatividad profunda que siento hacia mi esposo, me podrías ayudar? por favor?…..
    Muy agradecida por tu tiempo,que Dios te colme de bendiciones.
    amablemente,
    Nicole

  • 23 enero, 2009 a las 10:03
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    Gracias. Qué profundo y decidor. Mi hermano ha decidido no quedarse y son estos sus ultimos dias de su cáncer. se va en paz..
    lloraremos como humanos que semos, hasta la última gota.
    Oómo puedo yo ayudarlo en su transe.. Estamos en lugares muy distantes.

  • 10 febrero, 2009 a las 17:37
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    Q hermoso los q escribes verito,,,la pura y santa realidad…q dios t bendiga siempre

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