Incomunicación

Me cuesta, me cuesta tanto a veces…
Me junto con personas a las que solía ver harto antes. Y las veo, las escucho, las observo… y quisiera poder trasmitirles un pedacito del arco iris de opciones que descubrí. Pero no resulta.

Como a mi lado tengo a un amorcito permeable y que busca crecer, puedo compartir a diario con él mis descubrimientos, mis crecimientos y mis retrocesos. Y veo día tras día en él los cambios y los pasos que va dando por su propia ruta de auto conocimiento.
Entonces me entusiasmo y creo viable que todo el mundo esté dispuesto a abrirse siquiera un poquito a pensar en la posibilidad de que la vida puede ser mejor.

Pero veo a familiares o amigos y los escucho emitir juicios, desparramar rabia y envidia, esparcir miedo, culpa y frustración… y ¡diablos!, se me hace tan difícil articular una conversación con ellos.
Los miro y recuerdo que hace unos años yo estaba igual, pero aún así me cuesta tanto poder conversar de cosas banales. Por cualquier lado me brincan las ganas de comentar de algo que ahora me es tan evidente y simple, en contraste con la visión pesimista que inunda todo.
Escucho decir: “dios mío”, o “virgen santísima”, o “si dios quiere”… tantas frases que reflejan de manera tan cristalina la vieja costumbre de buscar culpables fuera de nosotros en vez de hacernos responsables de nosotros mismos, hasta el último y más pequeño de nuestros actos.

Cuando escucho de alguien se resfrió porque pasó frío, me dan ganas de mostrarle que es porque esa persona está triste. Si alguien se enferma del hígado, me atoro con las ganas de decirle que esa persona es así o asá… Pero ya me ha sucedido que me miran con ganas de gritarme en mi cara que me estoy rayando.
Y no me queda otra que censurarme, aunque me dura poco el intento. Pues luego se habla de guaguas, y se me atoran las palabras en la garganta de las ganas de explicar por qué se enferman los niños, y cuán fácil es dejarles el espacio para que sean más sanos que los adultos que los rodean.
Con algunas amigas resulta la comunicación, hay varias que han puesto en práctica una que otra pequeña receta con sus bebés, sorprendiéndose de las mejoras tan rápidas.
Pero no falta quien salta que diciendo que no es posible, que el frío resfría. Siempre pienso sería gracioso ver la cara de un esquimal que escuche esta programación tan común.

Como estoy 100% dedicada a mi consulta, no tengo chascarros de pega que comentar que no estén directamente relacionados con mi nueva forma de ver la vida. Trabajo sola, así que no tengo muchas personas a quienes criticar o alabar. Me muevo a pie, en bicicleta o en auto, así que el Transantiago para mí no es tema.
Puedo hablar de mis gatos, pero más de alguno piensa que estamos chalados con mi amorcito, pues son nuestros hijos de 4 patas y cola, con blog y todo.
Puedo hablar algo de autos y de jeepeo… pero cómo le explico a gente tuerca que protejo mi auto con un sol dorado? ¿Que salgo de un hoyo con un huinche energético? ¿Me creerán que muchas veces llegué al mecánico con el auto en un estado imposible, y andando?
¿Me creerán quienes me rodean que las sanaciones sirven para arreglar desde el auto a la juguera? ¿Me creerán que mis gatos a veces exigen sanaciones?

Y claro, por mi nick, no falta quién me empieza a preguntar por fantasmas o percepciones extrasensoriales. Y yo explico. Pero lo que sucede cuando empiezo a dar un poco más información de la que esperaban es que las pieles se erizan un poco, y otra vez me empiezan a mirar con ojos de plato.

Y otra vez tengo que autocensurarme… y termino tosiendo. Qué coincidencia. ¡Ja!
Claramente el 80% o 90% de la gente que me rodea no me cree, y más bien me considera bastante loca. Pero pese a ello me resisto a retroceder. Prefiero esta suerte de incomunicación con una buena parte de humanidad cercana que dar pie atrás en siquiera un centímetro de camino recorrido.

Me niego a volver a enganchar con los juicios. Me niego a volver a comulgar con la culpa.

Quiero seguir entendiendo la vida cada día más. Quiero tener cada vez más certeza en que soy dueña de mi propia vida, en que puedo crearla como yo quiero.
Aunque me sienta incomunicada, aunque sienta tristeza por no poder hacerle llegar siquiera un gramo de sol a quienes quiero. Aunque me vean como loca, aunque crean que peino la muñeca, aunque parezca que hablamos en idiomas distintos. Aún cuando no tenga cómo diantres explicarle nada a nadie.

Aún cuando de tanto cambio en mí desarrolle un idioma tan pero tan distinto, que me pueda comunicar con sólo 4 personas en el mundo… aún así… prefiero seguir por donde voy, a volver a lo que era antes.

Prefiero la soledad a la compañía bulliciosa y vacía. Elijo a mi amorcito y a nuestros 4 gatos que me ven con ojos de profunda comprensión.

Comparte esta nota:

4 comentarios en “Incomunicación

  1. me siento tan identificada con tus palabras. Me encantaria que la vida nos reuniera pronto aunque sea media hora para conocernos e intercambiar un poco de todo.siento q seria una charla muy linda.un saludo desde Mendoza.

  2. Si, asi me siento yo. A mi me gusta mucho la astrologia, el tarot y cosas asi. Pero lo he ido dejando y como dice brujita, me censuro solo. Cuando le digo a la gente que creo en el tarot. O en el horoscopo me miran como si estuviera loco. Con el tiempo, uno mismo se empieza a sentir loco.

    He dejado mi tarot. Siento que el me enloquece que no me deja vivir el dia a dia cuerdo. Me gustaria sentirme feliz como soy. Hay muchas cosas que reprimo en mi y que no tengo a quien contarselas. Seria lindo encontrar un lugar donde poder hacerlo. Me gusta mucho tu sitio web. Lo visito hace anos (mi teclado no tiene ene). Me hace sentir bien leer las cosas que hay aqui.

  3. Muy asertiva en tus comentarios. Se me dió el don de sanar aunque apenas estoy en ciernes… pero sip… los gatos exigen sanación, el gato de mi vecina se mete a mi casa y me persigue hasta que lo toco un rato, y así sin más se marcha como si listo, me dieron lo que vine a buscar…

Los comentarios están cerrados.