Emociones que nos avergüenzan

Estas últimas semanas, día tras día, me ha tocado acompañar y cobijar a hombres y mujeres en el momento de dejar salir sus emociones ocultas para con algunos familiares.
Sesión tras sesión he guiado a personas agotadas y destrozadas: atrévete a confesar y decir y vociferar lo que llevas años tragándote… ¿cuál es la palabra más fea que le podrías decir a esa persona?; ¿tienes ganas de maldecir, insultar? ¿Qué es lo más terrible que le harías a esa persona, que se te ha cruzado por la mente?
En estos días he escuchado a muchos decir por fin lo que no se atrevían a reconocer que tenían dentro… esas emociones guardadas, ocultas, esas que dan vergüenza…
Personas heridas, maltratadas, ignoradas, vulneradas… que tienen toda la razón para tener guardada ira asesina, resentimientos arrolladores, amarguras venenosas, resentimientos que destruyen, culpas que carcomen… personas violadas, violentadas, excluidas… que necesitan gritar al mundo que odian a su madre o padre…
 
Tanto miedo que tenemos a confesarnos lo que realmente sentimos…
Tanto miedo a permitir que esa emoción guardada tantos años se apodere de nuestro cuerpo y salga por fin… tanto miedo a que esa emoción nos desborde… tanto miedo a que la tristeza nos inunde, que la ira nos incendie, que la amargura y envidia nos envenene… que el resentimiento brote dentro de nosotros…
Nadie nos enseñó que lo que resistimos o retenemos se agranda. Que si lo dejamos salir, se va sin consecuencias.
Y es tan simple… sólo necesitas dejarlo salir para tí, no hacia el otro. Patea un cojín, golpea un punching bag hasta que quedes agotado. Escribe todo lo que quieres decir, gritar, vociferar… y quémalo de inmediato… déjalo salir… desahógate. Corre, haz ejercicio, quema la rabia. Llora hasta que quedes con los ojos hinchados, hasta que te sientas un trapo.
Deja que la ira asesina te incendie… y patea, golpea, rompe algo… hasta que haya salido una buena parte… hasta que te sientas calmo/a.
Maldice al universo entero… blasfema… lo que te salga… escribe, quema… hasta que te calmes.
 
Tienes razones para sentir lo que sientes, y nadie te puede decir que está mal sentirlo. Cómo no acumular rabia si te golpearon? Cómo no tener tristeza si te abandonaron? ¡Cómo no tener resentimiento si te traicionaron?
 
Cuando hayas liberado buena parte de lo atorado y guardado por tanto tiempo, te sentirás más libre, y tendrás más neutralidad para ver qué camino seguirás.
 
Recuerda, no hay emociones negativas… ni la noche es negativa, ni el invierno. Son sólo parte de un ciclo.
Vinimos a vivir de todo, a experimentarlo todo… no te juzgues… todos sentimos tarde o temprano alguna emoción que nos avergüenza confesar…
 
Desde mi vida y experiencia, te puedo contar que me hecho amiga y conozco a esa ira asesina que me brota a veces, de ese asco a ciertas personas. No me avergüenza verbalizarlo, soy un ser humano como cualquier otro… y soy  consciente que la calma me ha ido llegando en la medida que conozco y me hago amiga de mis sombras…  

Te invito a hacerte amigo/a de tus iras, envidias, resentimientos, amarguras, furias, ascos, tristezas, miedos, no los rechaces… todas ellas tienen un rol en nuestra vida, como tan bien lo muestra la película Intensamente.
 
Namasté!
 
 
 
 
 
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