Mensajes desde y hacia el otro lado del arco iris…

Ayer tuve una de esas sesiones en las que el paciente recibe mensajes precisos desde el otro lado… se me están haciendo frecuentes. Aún no me acostumbro a esto de los susurros y nombres y mensajes… a ver gestos muy específicos, que me los muestran para que el paciente sepa que la comunicación es real.
Aunque hace unos años me dijeron que tengo el canal listo, me negaba a usarlo.

¿Cuándo empezó todo esto?

El túnel de luz.

Si hago memoria, me crié escuchando a mi familia que se podía pedir a alguien fallecido que se llevara luego a algún enfermo que estaba sufriendo. Cuando mi especial hermana Irene no se decidía a irse –en 1984-, la Lolita me decía que le estaba pidiendo a su madre, mi abuela paterna, que por favor se la llevara, que la viniera a buscar. Mi abuela había prometido hacerlo.
Esto fue un discurso consistente en mi familia paterna… pedir a alguien que ya había partido que ayudara a un indeciso. Era una frase dicha con toda naturalidad.

Cuando mi madre murió, en 1996, ocurrieron dos cosas… me habían avisado 6 meses antes que se iría, por lo que aproveché el tiempo que nos quedaba juntas. Y una vez que cruzó, tuve un “sueño” en que la llevaba de la mano a donde la esperaba su madre.

Años después –el 2008-, cuando la misma Lolita estaba sufriendo, no dudé en pedir que viniera su marido a buscarla… le supliqué: “por favor tío, ven a buscarla, llévatela, ella no quiere una vida a medias”.
Pasaron unas pocas horas… y ella se fue… la nieta que estaba acompañándola dijo que la Lolita vio a su amado que vino por ella.
Por esos años y yo había pasado por los cursos de Harold Moskowitz, y ya había aprendido toda la “técnica” para ayudar al bien morir.

Mi primera experiencia de ayudar al buen morir fue con el papá de una querida colega de museos. Le dio un accidente vascular fulminante… fueron unas pocas horas… ofrecí mi ayuda, pensando más bien en una sanación común a distancia. Y cuando la hice, al llegar al 4° chakra, vi la esencia del caballero saltando fuera… sentí y vi su desconexión… Mi colega dijo que su padre tenía una expresión de calma y placidez, que se había ido muy tranquilo.
Pocos días después hice el curso de sanación VIII con Harold, donde aprendí la forma de ayudar. Le conté la experiencia vivida… y me corroboró lo que yo había presenciado.
Desde entonces he tenido unas cuantas vivencias de aplicar esta forma de ayuda al bien morir. En algunas, he estado conectada con la persona en el momento de su muerte… y he sentido todo el desprendimiento entre aura y cuerpo.

En el 2010 acompañé a un paciente con cáncer en toda su corta enfermedad, y lo ayudé a partir en paz, con la energía suficiente para despedirse de manera luminosa y consciente de su familia. Fue entonces cuando empecé a ver literalmente la puerta de paso hacia el otro lado. Y presenciaba con claridad a los parientes que venían a ayudar en el tránsito. Lo que había escuchado de mi familia, era real!

Luego me tocó acompañar a mi padre… cuántas veces le pedí a mi madre, a sus padres, a mi hermana… que se lo llevaran. Solía preguntarle a mi viejo si los veía.
Durante el cáncer del 2005, cuando estuvo a punto de irse, yo vi muy frecuentemente a mi madre. Pero se fue alejando en la medida de la recuperación de mi viejo; nunca me habló, sólo la veía… y dejé de verla cuando él se sanó.
El 2014, cuando mi viejo ya estaba muy mal, empecé a aplicar la sanación para ayudarlo… y de pronto me di cuenta que él le tenía miedo a lo que veía, a las luces, al túnel de luz. De alguna manera, me las arreglé para mostrarle -a distancia- que podía confiar… y se fue… por fin!
De vuelta del cementerio de Los Andes entré a mi departamento, y sentí algo así como pruebas de sonido de un recital… era mi viejo! Le había dicho que del otro lado podría ver todo, que no se iría a negro… y muchas veces le dije que al cruzar confirmaría lo que yo le decía, y que se reiría al recordarlo. Y lo primero que escuché de él fueron risas… sus risas, diciéndome “era como me dijiste”.
De a poco me fui acostumbrando a conversar con él; del otro lado no puede mentir, así que he averiguado unas cuantas cosas sobre su vida…

Y así pasaron los meses… hasta que un día sentí a mi madre, casi 30 años después de su partida, hablándome muy claramente al oído, algo muy concreto sobre mi hermano. ¡Llegué a saltar!
También me ha venido a ver si estoy enferma… y me despierta con la misma voz que lo hacía cuando yo dormía post trasnoches de entregas de taller en diseño: “hija… hija… hasta cuándo vas a dormir”.

De pronto me encontré que si hablaba de cualquiera de mis viejos con algún pariente, ellos se hacían presentes… empezaron a dar mensajes: a la madre de sus únicos nietos, a una prima, a sus nietos… a mí. Contestaban preguntas… y lo siguen haciendo. En situaciones difíciles para mí suele aparecer mi madre para afirmarme, decirme cosas, darme ánimo.

En ocasiones mis viejos y la Lolita aparecen en ”sueños”… pareciera ser que ahí soy yo quien cruza. Pues en todas las escenas que he visto, yo les digo que tenemos poco tiempo, y que estoy consciente que estamos en dos lados distintos de la realidad. En esas instancias puedo abrazarlos, conversar con ellos, me dan mensajes que tienen que ver con lo que estoy viviendo.
Muchas veces despierto llorando, por la nostalgia de no poder abrazarlos físicamente… aquí y ahora… aunque en el “sueño” sí los abrazo.

Y así he seguido conectada a ellos. En ocasiones aparece la Lolita, como el año pasado en el matrimonio de una de sus nietas,… me empujaba el hombro para que yo hablara y le diera recados varios a su nieta (aunque la nieta es tanto o más vidente que yo). Ese día se hizo presente mi padre, la Lola, un primo de la novia…. Llegaron varios a dar sus bendiciones al matrimonio.
La Lolita me hizo hablar en público, quería trasmitirle un mensaje a su nieta; me fue tan impresionante sentirla a mi lado, casi verla… que hablé a sollozos.
También quiso tocar la pancita de embarazada de su nieta a través de mis manos.

Un mes después falleció un queridísimo tío de cariño, compañero de universidad de mis viejos. Otra vez ayudé a partir, mostrándole que confiara en la luz que veía, en que todo estaría bien si cruzaba, le pedí a mis viejos que vinieran a buscarlo… mi tía dijo que se fue en paz. Y cuando he ido a visitarla, mi tío se hace presente de inmediato.

A la par de estas historias familiares, en la consulta empezaron a sucederse experiencias parecidas con pacientes. De pronto en medio de una sanación, me tocaban el hombro derecho… y zas… mensaje directo al paciente, el que transmito al terminar la terapia.

En otras ocasiones es durante una sesión de tarot… estás han sido las más impresionantes… Me tocan el hombro, me susurran un nombre que escucho a medias… y empieza el mensaje. Una vez me tocó una chica que estaba en una relación de pareja muy malsana… llegó rápidamente la abuela Ana, a decir que saliera de eso, le dio mensajes muy precisos a la chica… lo más impresionante, la abuela me mostraba un gesto en un delantal de cintura, una manera de secarse las manos… la chica lloraba a mares cuando se lo describí. El abrazo de despedida de la sesión fue con la abuela incluida.

Ayer me tocó una ex pareja que se había suicidado. La sentía muy preocupada, casi dándose cabezazos al otro lado, muy impaciente… hasta que la empecé a escuchar y pude dar los mensajes. Se fue calmando, y al final vi en ella un gesto de niña feliz aplaudiendo… el ex marido se emocionó profundamente: los dos gestos que me mostró ella eran habituales.

Cada vez es más frecuente recibir mensajes del otro lado del arco iris, sentir un leve toque en mi hombro derecho, o un susurro… o las dos cosas. Es tan sutil la comunicación. No estoy muy clara de si pregunto quién es, o me lo soplan.
Alguna vez me comuniqué con la forma antigua, como médium, esa en que la persona del otro lado casi se apropia de uno… pero no me gustó. Quita demasiada energía, agota.

Dentro de todo este panorama de ayudar al bien morir, de ayudar a cruzar… de cruzar yo misma al encuentro de quienes extraño, de escuchar mensajes desde el otro lado, se suma el que muchas veces el que está al otro lado necesita ayuda.
Algo de esto me había tocado al hacer limpieza de lugares… hablar con los “fantasmas” explicándoles sus circunstancias de muerte, para que por fin pudieran descansar. He visto unas cuantas historias de muertes violentas.
En esas ocasiones, aplico mucho de lo que aprendí con Harold, tomo información de muchos lugares, dimensiones, para ayudar a esa consciencia a descansar. Registros akáshikos, maestros del Karma, seres de luz varios… revisar libros de vida… y otras tantas cosas… aplico Sat Nam Rasayan a uno y otro lado del arco iris.

Pareciera ser que cruzo de un lado a otro con facilidad… que puedo llevar y traer información. Pareciera que lo he hecho toda mi vida sin saber; eso me dice una querida bruji… pero ahora es a plena consciencia de lo que estoy haciendo.
No temo de lo que hay a uno u otro lado, sólo siento una diferencia de densidad.

Y… pareciera que es hora de acostumbrarme a que me hablen harto desde el otro lado del arco iris…

Mi abuela paterna me susurra al oído que ya era hora…

 

Namasté!

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