En noviembre hice un tercer curso con mi maestro favorito, Adyashanti.
De temática similar a los anteriores, éste en particular me sirvió para una fuerte  autoevaluación y para una revisión de mis pasos previos en el despertar de la conciencia.

Ya hace meses que vi un video de Adya donde habla de una compulsión en la búsqueda del despertar y de la verdad última. Describe el proceso como muy potente, caracterizado por privilegiar la búsqueda por sobre el bienestar personal, por sobre las relaciones personales.
Me hicieron tanto sentido sus palabras…

Ahora reviso mis escritos anteriores, y me encuentro con frases que escribí hace años y que hablan de la misma persistencia y obsesión:

Si es por definir esa inquietud persistente, era como un hambre de saber, una ansiedad por recuperar algo que alguna vez supe y manejé. Una nostalgia infinita de una armonía maravillosa y perfecta que en algún tiempo perdido experimenté. Un intento desesperado de recordar un conocimiento que adivinaba oculto entre las profundidades de mi ser.
Mirando florecer una azucena me preguntaba cómo hacer para aprehender esa magia que la vida derrama a chorros. Viendo nacer un gatito trataba de entender dónde estaba el secreto de la vida.

Mi tozudez de siempre ahora me parece tan lógica y salvadora. Mi instinto feroz me suena tan vital y necesario; tan lúcido. (1-marzo-2007)

Como me dijeron entonces, estas palabras me salieron de las tripas… y hoy… hoy he recordado ese conocimiento oculto en mi.

Me observo hacia atrás, las decisiones que he tomado, el camino recorrido, las personas que me han acompañado… y me identifico plenamente con esa descripción de Adyashanti de una búsqueda casi obsesiva. Y como no, si mi nombre significa el verdadero rostro.

Releo escritos, y tomo conciencia del cambio que implica saber algo, a experimentarlo. Llevo años con el conocimiento mental de que somos una sola esencia. Pero recién ahora lo siento, lo experimento. Y la certeza va creciendo en la cotidianeidad, en la medida en que la costumbre de este sentir va sobrescribiendo la programación aprendida de esta sociedad.

Me observo en el día a día, que me salta cada vez más seguido el reclamo interno de que somos una sola sustancia, una sola energía. Escucho a un otro hablar desde la separación y ya no me hace sentido… al menos en lo que a trabajo de conciencia se refiere.
En mi ambiente de trabajo convencional, la división persiste e impera.
Adyashanti habla de vivir dos vidas que se complementan, la de la cotidianeidad y la de la percepción profunda. Las dos son como los pasos de cada pie al caminar.
Y en la medida que sigo caminando, me voy acostumbrando a este nuevo andar.

Releo hacia atrás, me recuerdo… y descubro que lo que siento ahora lo he sentido toda mi vida. Es sólo que antes eran chispazos breves y ocasionales. Hoy me estoy acostumbrando a sostener la percepción no dual… mientras la dualidad subsiste…
La percepción no dual me regala una calma que me era desconocida. Me regala la maravilla cotidiana del milagro de la vida en todas partes; una percepción que trasciende espacio y tiempo.
La dualidad… se va reduciendo al juego de las encarnaciones, del que soy parte, por supuesto.

Somos Uno, somos todo.

Y todo este saber, toda esta verdad que hoy redescubro… estaba dentro de mí.
He trabajado mi casi medio siglo de vida por llegar a este punto, he dejado atrás personas, me he peleado con el mundo entero, con mi familia; me he rebelado, me he caído, ha dolido…
Y me miro hacia atrás… y sonrío…
Que tozuda he sido, qué terca y porfiada. Desesperada buscando algo que apenas intuía.
Y recuerdo a Eckhart Tolle, quien decía haber tenido muchos maestros zen en su vida, todos ellos gatos.

Solía pensar que era magia, que si lo encontraba me solucionaría la vida. Quise estudiar astronomía, física pura… buscando explicaciones racionales a una pregunta que no tiene respuesta mental posible.
No sospechaba que lo que buscaba era una verdad última, no lo habría definido así. Aspiraba a un conocimiento racional, no imaginaba que se trataba de una experiencia sensible.

Ahora tomo las palabras del maestro más lúcido que me he encontrado… amor a la verdad.
Cuán fuerte me resuenan en el pecho, en mi corazón, en mi ser entero.

La verdad que asoma por sí sola en medio del silencio interno.
La verdad que calma, que colma el ser. Indefinible, indescriptible… sólo experimentable.

Mi propósito de esta existencia por fin es claro. Lo que elegí vivir, enseñar, trasmitir.
Satya, la verdad eterna… mi búsqueda de toda la vida.

Namasté!

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En amor a la verdad
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