El día después…

Han pasado casi 2 semanas de la última sesión del curso con Adyashanti: ‘Experiencing no-self’. En ella, tuve el regalo de recibir una clave que me sirvió para borrar las últimas barreras, descorrer los últimos velos. Entre tanto tema que tocó esa noche, una frase caló profundo en mí… y supe, entendí, descubrí, lloré, recordé… eso es… ESO.

Me cuesta poner en palabras lo aprendido, por dos razones: la instrucción específica de Adya de no anclar el aprendizaje en las palabras –sino en la experiencia-, y que el curso fue en inglés. Ahora estoy frente a la pantalla y el teclado… y quiero escribir sobre el tremendo cambio en la percepción, en la autoconciencia… y nada.

He seguido leyendo libros de Adya, viendo videos. De a poco lo aprendido en las cortas 4 semanas, va aflorando en la consciencia cotidiana y voy aprendiendo a mantenerme en esta ‘frecuencia’ –por darle algún nombre-.

El curso apunta a permitir la caída de la última barrera entre el espíritu y la Gran Consciencia, Dios, el Tao, la Existencia o como quieran llamarle. El objetivo es vivir la cotidianeidad así, dejando atrás el ego y la dualidad. Adya explicó una y otra vez que dejar caer este último velo no es una experiencia mística, no es extática, no es de expansión, no es de disfrute. Es sólo que se descorre un velo tras el cual uno entiende, sabe, experimenta, vive la realidad, exactamente como es.

Y en eso estoy… viviendo la realidad tal cual es.
Desde el día siguiente de  la última sesión me siento más aterrizada que nunca, más en la cotidianeidad. Mi percepción visual dejó un poco de lado el aura y las imágenes… ahora más bien fluyo con la información que sólo llega, sólo es. Sea sobre personas, objetos, mascotas, la luna, el sol, las estrellas y los arcángeles.
Siento un sustrato de fondo en todo, aquel mentado Somos Uno… del que sabía… pero ahora lo siento, lo percibo, lo reconozco, lo admiro… lo disfruto. LO VIVO.
Soy parte de ese gran misterio que es la existencia misma. No es descriptible, no es explicable, no es entendible. Pero es perceptible, y es lo que vivimos en el día a día.
Percibo esa energía, esa conciencia, esa existencia que es la verdad última de todo… en todo…
Miro los ojos de un otro… y la mirada rebota de unos ojos a los otros… es la existencia mirándose a sí misma. Me echo un alimento a la boca, sea carne o vegetal, y estoy comiendo un pedazo de mí misma, de la existencia.

Al mismo tiempo estoy mucho más consciente de mi ego, de ese contador de historias que tenemos dentro. Reconozco la señal de cuando se despierta, y lo acepto… cada vez me toma menos tiempo darme cuenta que es mi ego, que son sólo pensamientos, ideas, juicios, sólo emociones, que todo pasa, todo fluye… y fluyo. Sólo fluyo… hasta el siguiente atasco de ego.

Y hasta el siguiente fluir… y admirar la maravilla de la creación de un paquete de pañuelos desechables en el supermercado, y sentir la misma esencia en uno de mis gatos estirándose floja y placenteramente al sol…
La misma esencia en mis cicatrices y en el mapa de mi vida, en la vida de un paciente que ha experimentado la muerte de tantos… en mis historias de pareja, en mi historia de nacimiento…
La misma trama de la vida en todo, la misma maravilla de la creación, la diversidad… la existencia experimentándose a sí misma en todo. La existencia en forma de mi gata Mota, rompiendo con sus garras a la existencia hecha cubrecama… la existencia en forma de Nelson Mandela regresando a la eternidad, en forma de basura que alguien arroja en la calle… la existencia en todo… en todo… en todo…
Y me río… me río… me saltan lágrimas de los ojos… pues siento… disfruto… admiro… todo.

Hay dos explicaciones de Adysahanti y otros maestros, otras personas que han experimentado este descorrer del velo, que me hicieron mucho sentido.

Una es sobre la búsqueda de esa armonía perdida, que sentimos tantos humanos… esa ansia por retornar a un orden exquisito y perfecto, a una verdad última… esa búsqueda incesante que pasa por arriba de nuestro bienestar, de nuestras relaciones personales… esa necesidad irrefrenable por recordar algo que ni siquiera intuimos. Esa búsqueda… no es desde el yo, menos desde el ego. Es la existencia misma la que pugna por despertar a través nuestro.
Wow… ¡qué golpe a mi ego! Al aprehender estar explicación tan simple, pude por fin sentir en mí que el ego es la resistencia a lo que es. El ego raspa… como dice Adya y otros muchos.

La otra explicación es sobre el Nirvana. La palabra viene de un verbo en sánscrito que significa ‘extinción’. Lo que se extingue, lo que cesa, es esa búsqueda. El Nirvana es encontrar esa verdad añorada largamente… y es hallarla en el único lugar donde podía ser hallada… en uno mismo… (y en todas partes y en ninguna parte).

Y era -es- taaaaaaaaaaaaaan simple…

Y sigo viendo sillas, gatos, perros, zorzales, basura, árboles, autos, aviones, centros comerciales… veo todo, más físicamente que hace meses. Y mi personalidad humana sigue existiendo, mi cuerpo también, obvio. Pero mi personalidad y mis pensamientos, mi ego, van perdiendo su supremacía en mi vida.
En la medida que me acostumbre, que siga trabajando en mí, en la autoconsciencia, la auto observación, este simple fluir con la vida se hará una constante… habrán caído totalmente el ego, la dualidad, la individualidad.
Para estar en un fluir permanente, siendo una con esa Existencia cuyo motor es el amor incondicional… ese amor que es la fuerza más grande de la creación.

Queda trabajo por haSer (como dice Alfredo Sfeir). Queda mucho por descubrir, aprender… pero esa nostalgia infinita que pobló mis casi 49 años de vida… ya no está. Esa es la única, pequeña y gran diferencia.

Namasté!

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