… día en que me gusta decir que es de cambios, de regeneración…

Hoy, que andaba buscando una oficina en el Estadio Nacional donde dejar una foto y un pequeño escrito de mi padre, para el memorial por los 40 años desde que el recinto se convirtió en campo de concentración…
Hoy sin querer… de pronto me vi visitando lugares recónditos del Estadio, y con la guía de un ex preso político, fuimos recorriendo escotillas, camarines, baños, lugares de tortura, murallas que fueron paredones…

Don Manuel es guía en el Estadio, hay una oficina llamada “Derechos Humanos” y él es parte de la Agrupación de Ex Presos Políticos. Le conté de mi padre, mientras me daba indicaciones de cómo hacer  llegar las fotos… ¿Tiene tiempo? –me preguntó- quiero mostrarle algo.

He ido muchas veces al estadio, desde el 73, pero a recitales, eventos deportivos, votaciones. En cada ocasión me preguntaba por donde habría estado mi paire en los casi 60 días que estuvo ahí… pero el estadio desde las graderías llenas de gente es una cosa, y lo que vi hoy en ausencia de público es otra.

Fuimos en mi camioneta a la escotilla 8, pensé que me iba a mostrar donde estaban construyendo o preparando el memorial. Pero no hay nada aún… Don Manuel me abrió una reja diciendo que iba a ver algo que nadie ve, y el viento helado me avisó lo que se venía… recorrer lugares lúgubres, húmedos, fríos y llenos de fantasmas y espectros.

En esa escotilla me mostró dos baños, uno de hombres y otro de mujeres, que están tal cual eran en 1973. En cada uno de ellos se apretujaban 300 personas… hay fotos de ex presos con algunas frases. Está la escalera de fierro en caracol que daba acceso a las casetas de transmisión, donde interrogaron y torturaron… dicen que alguna vez estuvo llena de sangre…
Cuantos baños llenos de 300 personas… casi siento las voces, los murmullos, los ruidos de botas, las balaceras, metralletas…

En esa escotilla quedan de testimonio asientos de madera, como eran en esa época. Es un lugar cerrado que se preservará tal cual, con la reja original y las maderas desgastadas… don Manuel me cuenta cosas que he visto en videos, o que me contó mi padre. Ahí estaba el círculo negro, ahí llamaban a los interrogatorios… “acá nos sentábamos a esperar que nos llamaran, con la frazada en la mano”… “aquí las clases sociales fueron borradas, estuvimos juntos en el dolor médicos, senadores y obreros”… él me cuenta historias, algunas las sé, otras no; como que cantaban “Libre” de Nino Bravo, cada vez que alguien se paraba a la entrada de las casetas de transmisión, para ir al interrogatorio… lloramos los dos… yo imagino a mi papá ahí… el se sume en sus recuerdos…

Son casi las 18 hrs, la luz va bajando… hay que ir a los camarines y luego a la “caracola”.

Otra escotilla… entramos por un pasillo negro, se me paran los pelos, y eso que tengo mi habitual sensibilidad en modo off… llegamos a unos rincones que jamás ví… los camarines en pasillos cerrados, son muchos… esto es sólo una pequeña zona. Don Manuel me muestra el camarín n° 3, donde estuvo 50 días de su vida, a los 25 años. Pasó su cumpleaños ahí, lo celebraron con dos tortas hechas de una hallulla con un fósforo en cada una y un coro de 300 voces.

Me cuenta como dormían, el frío, el hambre, el dolor, los pactos de protección, los encargos… tanto recuerdo doloroso. Como comían, los comedores de campaña, cómo se organizaban para protegerse entre todos, cómo los encerraban… tanto detalle de la cotidianeidad de esos 50 o 60 días ahí… el hambre… el frío,… el encapuchado, los sacos de arena como trinchera, las metralletas… los “milicos” casi niños que los vigilaban.
Su relato se va cruzando con lo que me ha contado mi padre… compartimos historias: una misa en la que comulgaron presos y “milicos” con migas de pan…  la visita del cardenal, los simulacros de fusilamiento, la certeza de la muerte de tantos…

Recorrer los pasillos, los camarines… me hace sentir por primera vez que puedo entrar en los recuerdos de mi papá, puedo dimensionar lo que vivió en esos 60 días…

Salimos de ahí, rumbo a la caracola, en el velódromo… sospecho lo que es… se está acabando la luz, el cielo se pone rojo… cruzamos senderos de tierra dentro del recinto.
“A esto le decíamos la morgue”… me va diciendo nombres que ya no retengo…

Y era… el lugar de las torturas más brutales. Una de las caracolas está tal cual quedó; la otra está habilitada como oficina.
Una llave, una reja abierta… oscuridad, un recinto vacío… dolor, espectros, fantasmas, quiero vomitar. Don Manuel me cuenta todo lo que ocurrió ahí… ya lo sé. Hace unas semanas mi padre me volvió a contar todo lo que le hicieron, mientras veíamos el video “Estadio Nacional”.

Yo tan sensible, estoy bloqueada, no quiero ver, ni sentir, no quiero percibir los espectros, los recuerdos… es demasiado…
La parrilla eléctrica, el agua, el submarino, los sacos mojados en que los envolvían para no dejar huellas de los golpes… no se sabe cuanta gente murió ahí, ni dónde están… ya no quiero escuchar, don Manuel sigue contándome… me dice que a él no lo torturaron ahí, a mi padre sí.

Damos la vuelta en el interior de la caracola… salimos, entramos al velódromo, me muestra las murallas que fueron paredones, las bancas de madera donde se sentaban a esperar que los llamaran para ser interrogados y torturados… me cuenta como algunos tenían que ser llevados de vuelta a los camarines en las frazadas, de lo mal que quedaban… nadie sabía si saldría vivo de la caracola…

Queda una franja roja en el cielo aún… faltan los camarines de la piscina, donde estuvieron 1400 mujeres. Las remodelaciones actuales del estadio incluyen dejar estos camarines tal cual…

Ya es de noche, y el pecho se me oprime fuerte al entrar… las mujeres fueron brutalmente vejadas…

Don Manuel me cuenta que hay fantasmas por todas partes, que una mujer llora siempre. Que en las tribunas se sientan fantasmas… que penan en todas partes…

Volvemos a la oficina de Derechos Humanos, el último cigarro con don Manuel… prometo volver, llevar la fotografía de mi papá, y a quienes quieran visitar estos lugares, a quienes quieran saber lo que ocurrió en el estadio… puerta 7 del estadio, por ahora.

Me vuelvo a casa, me pierdo entre los senderos y calles internos, no encuentro la salida hacia la calle Maratón, me doy hartas vueltas… quiero la seguridad de mi casa. Ni siquiera sé cómo me siento, ni qué siento… o si quiero sentir…

Gracias don Manuel, por regalarme parte de la historia de mi padre, y de tantos miles de otros. Mi viejo juró no volver a pisar el estadio en su vida, y así ha sido…

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Hoy martes 13…
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6 pensamientos en “Hoy martes 13…

  • 5 septiembre, 2013 a las 12:20
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    Me he emocionado al leerte, soy Tarotista y trabajé recogiendo testimonios en la Comisión Valech, escuché muchos testimonios como el de tu padre y Don Manuel, sin duda el encuentro con esos hombres y su historia cambió mi vida… no logro dimensionar lo que ha de ser estar allí, en ese lugar lleno de dolor estancado y saber que parte de ese dolor lo sufrió quien amas…
    Hace años visito tu página, cada vez que necesito un consejo u orientación recurro a tu tirada gratuita, sin embargo recién hoy reparo en que eres un ser humano (bello ser humano) y no sólo una página web…
    Un abrazo a la distancia

  • 5 septiembre, 2013 a las 13:23
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    Pamela, gracias por tus palabras.

  • 10 septiembre, 2013 a las 20:45
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    Vero, el abuelito y la tía de mi marido estuvieron detenidos en el Estadio Nacional…compartiré con él tu conmovedor relato .Gracias por develarnos desde la emoción y en primera persona, una parte de nuestra historia que es imperativo no olvidar… Un abrazo

  • 25 septiembre, 2013 a las 02:07
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    Acostumbro cada mañana buscar articulos para pasar un buen momento leyendo y de esta forma he localizado vuetro post. La verdad me ha gustado el articulo y pienso volver para seguir pasando buenos momentos.
    Saludos

  • 30 diciembre, 2013 a las 19:36
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    Verónica. compartí Estadio con tu padre, solo que lo hice en la Escotilla Nº 7. Efectivamente también aparece mi foto, como la de otros compañeros. en esos recovecos que visitaste.
    Salí en libertad (desde el camarín de los sospechosos Nº 7)un 9/octubre/’73 y debido a mi condición política, fuí detenido nuevamente y trasladado a Chacabuco.
    Comprendo las aprensiones de tu «viejo», de no volver a pisar Estadio ni Velódromo, es una posición respetable. Habemos otros que hemos combatido los fantasmas de nuestras prisiones.
    Por favor, saluda a tu querido padre, mi hermano de prisión, con un fuerte y cariñozo abrazo…por supuesto debe extenderse hacia tí, por tu sensibilidad, a eso le llamo consecuencia.
    Saludos de Memo Bronson.

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