Mi línea de enseñanza y guía

Tara es la expresión impecable de la inseparabilidad del vacío, conciencia y compasión.

Tara… Ella es la «madre de la liberación» y representa las virtudes del éxito en el trabajo y en las hazañas. Tara es una deidad tántrica cuya práctica es usada para desarrollar ciertas cualidades interiores y comprender lo exterior, lo interior y enseñanzas sobre la compasión y el vacío.

Tara, conocida en una de sus facetas como María, la madre de Jesús. Me han dicho varios videntes que María me protege. Para mí es Tara. La he sentido siempre, me acompaña, me cobija–aunque recién tomé conciencia de su compañía. Somos de la misma esencia. La luz blanca, Gabriel.

Hoy que honro el linaje de las tres escuelas en que me he formado como sanadora, me encontré con la definición de Tara que encabeza este texto.

El vacío es la escuela de Adyashanti, el vacío que sustenta, cobija, sostiene; el vacío autoconsciente. La consciencia fue mi primera escuela, con Harold Moskovitz, la escuela en la que se cimienta mi trabajo. Y la compasión es mi segunda escuela, Sat Nam Rasayan, con Guru Dev y Ambrosio Espinoza como mis maestros.

Hoy entiendo lo que he aprendido en toda mi vida, la experiencia acumulada. Todo orientado hacia la ruta que tracé para mí misma antes de encarnar. Sanar y ayudar a sanar, a quien lo desee de corazón.

Ya van 3 años desde que empecé a enseñar lo que he aprendido, y mantengo contacto con gran parte de quienes han hecho los talleres. Las redes sociales actuales ayudan bastante con una comunicación constante que es un reflejo del Somos Uno. De tiempo en tiempo hacemos reuniones con la risa y las carcajadas a flor de boca, y con harto trabajo consciente.

El grupo de personas que han despertado con mi guía no es jerárquico. Todos somos uno, todos nos apoyamos, y hacemos de espejo entre todos. Algunos llevamos años desarrollando y trabajando la percepción –desde una perspectiva neutral y consciente-, y mantenemos como costumbre cotidiana preguntarnos sobre nuestras propias trabas y problemas. Otros recién se incorporan, y aportan su perspectiva fresca, y aceptan la guía de los que les preceden. Compartimos nuestras iluminaciones, nuestros recuerdos, nuestros dolores, y nos cobijamos entre todos. Celebramos nuestros triunfos y alegrías. Aceptamos los llamados de atención. Y sabemos que lo que vive cada uno nos afecta a todos.

El camino que estamos abriendo para nosotros mismos y quienes vienen, es un sendero de vida consciente, libre de cualquier dogma, religión y gurúes. Sabemos que no hay maestros fuera de nosotros, no hay verdades externas, las respuestas están en nosotros mismos. Aquella presencia que siempre hemos buscado, el ángel de luz, también está dentro.

Estamos descorriendo el velo de nuestras encarnaciones anteriores para traer esa memoria a esta vida, para hacer realidad aquí la sabiduría de nuestro espíritu entero, ese espíritu que somos nosotros mismos.

Sabemos que ya no es tiempo de vivir desde la fé, sino desde la certeza del corazón. Es tiempo de ser Uno Mismo. Es tiempo de recordar y reconocer nuestro Maestro Interior.

Recorrer este camino de reencuentro con nosotros mismos necesariamente apunta a integrar y honrar las energías femeninas y masculinas que nos conforman, nuestros linajes biológicos y los espirituales. Ir más allá de la dualidad interna y externa. Nuestra guía es nuestro propio corazón, la mente no tiene cabida aquí, excepto para poder traducir a la vida cotidiana parte de las experiencias vividas desde la conciencia. Muchas no podrán ser explicadas ni racionalizadas, sólo experimentadas.

Esta integración apunta a trabajar en cada uno de nosotros, permitiendo, aceptando y amando cada una de nuestras facetas, emociones, virtudes, defectos, historias. Sin miedo, o transitando a través de él, sin negar las partes oscuras, sin intentar ocultarlas. Más bien permitiéndoles ser y existir dentro de nuestro ser humano, observando conscientemente sus efectos en nuestra vida.

Como dijo Jung: Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma.

Soy quien guía esta comunidad, este grupo, soy quien abre el camino. Simplemente porque tengo más tiempo y experiencia trabajando conscientemente. Hay quienes son mucho más perceptivos, compasivos, claros que yo. Todos somos distintos, todos somos uno. Y todos aceptamos la guía de todos, en amor incondicional.

Somos una comunidad consciente, una comunidad que sana.

Namasté!

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