Todo por un huevo

Este texto fue escrito el 9 de julio, 2012

Esto es para ti, Gran JP.

Todo empezó con las conversas con el negro José. Esto de juntarse dos sanadores videntes, hizo nacer las ganas de que él nos enseñara un poco de chi kung.

Y llegó el sábado 9 de junio… nos enseñó a respirar, luego algunos movimientos básicos, para alinear energías de la tierra y el universo, para hacer acopio de energía dentro de nuestro sistema.

En un intermedio quiso enseñarme cómo se hace una limpieza a una persona, con un huevo crudo en la mano. Él quiso que lo hiciera yo. Me explicó que tenía que orar, en mi estilo, y a los seres o maestros que yo quisiera.
Tomé el huevo… y me acerqué a la persona elegida… José me dijo que tenía que tocar a la persona con el huevo, pero no pude. Sentí el huevo hervir en mi mano, y de sólo acercarme a la persona, percibí cómo ya estaba absorbiendo las energías sucias, y percicbí como si estuviera sacrificando un ser vivo por una limpieza. Al mismo tiempo sentí que entraba por mi 7º chakra una energía amarillo verdosa muy desagradable, con un bloque de información sobre otra vida, en la que yo había hecho algo similar.
Empecé a sentir un rechazo visceral, un asco profundo desde lo más profundo de mis entrañas. Y José me quitó el huevo y procedió con la limpieza.

Hizo más demostraciones con huevos, y yo me alejé de todo eso, sintiendo mucha angustia; al tiempo que él explicaba que en Perú se hace con cuyes, palomas y hasta halcones vivos, lo que me hizo sentir aún peor.

Horas más tarde, ya camino a casa, empecé a sentir esa energía amarillo verdosa dentro de mí, y que salían palabras de mi boca –con mucho dolor- que eran de una vida antigua en la que había experimentado algo similar.: está mal, no se puede hacer esto… no con seres vivos…

Ya en casa vino la parte más dura…

Empecé a recordar vívidamente haber sido obligada por espíritus a hacer una magia brutal con seres vivos, usando animales vivos, tal como me había explicado José que se hace en su país.
Me salían de la boca las palabras, sollozando: esto está mal, no se puede hacer, me da asco. Sentí una aversión visceral, y al mismo tiempo la imposibilidad total de resistirme a lo que me estaban haciendo. Pude identificar que era un grupo de espíritus de brujos, de una isla de la Polinesia, por ahí por el 1600.
En esos minutos eternos, yo fui esa mujer obligada, hablaba ella a través de mi boca, expresaba su dolor, su asco de sentirse obligada a hacer algo horrible. Sentía cómo me tenían obligada entre ese grupo de 12 a 20 espíritus de brujos, sentía como me sujetaban energéticamente, y cómo tuve que rendirme a su voluntad. Me veía atada por ellos, dentro de un círculo mágico. Me sentía como esa mujer que fui, en medio de esas energías oscuras, siniestras, culposas, viscosas.
De a poco empecé a entender que esos brujos en espíritu me estaban pidiendo que desatara fuerzas ancestrales que estaban bajo la isla. Ellos las querían usar para aumentar su poder, sabían que eran de eones atrás, y que eran muy poderosas, y que yo era la única que podía liberarlas… pues yo misma las había dejado atrapadas ahí en una existencia anterior.

Entonces empecé a tener recuerdos de una vida mucho más antigua, de los comienzos de las ruedas de las encarnaciones, en las que yo -como una especie de ángel o un pixiu recién nacido, sin experiencia- había tenido que encerrar fuerzas de los tiempos del nacimiento de los seres con conciencia individual, en los primeros experimentos de formación de planetas. Sentí que cometimos un error, y tuvimos que encerrar energías sin control, usando conciencias como la de Gaia, que quedaron como alimento de esas energías, dentro de esa cápsula.
El dolor, el horror que sentí con ese recuerdo, fue aún peor que con el huevo. Sentí el momento espantoso en el que tuvimos que decidir encerrar esas fuerzas y sacrificar esas conciencias vivas en una cápsula del tiempo, rodeada de un mineral amarillo verdoso. “Recordando”, entendí que yo había elegido quedarme como la puerta que sellaba esa cápsula energética… y que yo era la única que podía dar el paso para liberar todo lo que estaba encerrado.
Fue tanto el horror, el dolor, el asco de experimentar esas dos vidas al mismo tiempo, que pedí ayuda a los señores del karma, a las ladies. Pero no pudieron hacerlo, era mucho para ellas. Entonces apareció algo así como un señor del karma muy antiguo, que era como una roca de tiempos inmemoriales, y él empezó a guiarme.
Me dijo que me pusiera un cuarzo rosa en mi 4º chakra, que esa era la frecuencia adecuada para abrir la compuerta –osea yo-, y que ya había llegado el tiempo de hacerlo.

Tuve mucho miedo, aparte de todo el revoltijo de emociones que ya tenía. Lloraba a mares, habría chillado de dolor y repulsión, por el sacrificio de conciencias y seres vivos que presencié en las dos vidas. Al mismo tiempo, no me sentía capaz de hacer lo que me pedía: liberar esas viejas energías y conciencias…

Y llegó Gabriel a acompañarme… mientras Ayla me cobijaba, me cubría con una manta, y me guiaba y escuchaba en estos recuerdos tan vívidos que yo no había experimentado…
Yo lloraba sintiéndome incapaz de llevar a cabo tamaña tarea, con mucho miedo… y Gabriel me susurraba a mi oído: tú puedes pequeña, yo estoy aquí para apoyarte, eres fuerte, tu espíritu es gigante. Lo sentía a mi lado, hombro con hombro, apoyándome, confortándome, animándome.
No podía precisar en qué época era esto, cómo fue. No lograba entender qué había sucedido, por qué hubo que encerrar esas energías sacrificando conciencias para hacerlo.
Gabriel me susurraba: no intentes entender ahora, de a poco irás comprendiendo, sólo haz lo que hay que hacer.
Me pedían que retomara mi rol de compuerta de esa dimensión, de ese rincón interdimensional, que me posicionara en la salida, como un gran cristal de cuarzo rosado para permitir la salida regulada de toda esa energía y consciencias.
Con mucho temor, y con un dolor profundo, hice lo que me pedía Gabriel, mientras seguía vivenciando el estar en mi departamento, con Ayla al frente, la vida en la polinesia, con el asco de sentir cómo me forzaron, más esa vida antiquísima…

Entendí que el esfuerzo de los brujos de la Polinesia había surtido efecto en parte, pues vi una isla arrasada y desolada por el efecto de las fuerzas liberadas.
Vi que yo morí después, y que la culpa de haber contribuido a esa destrucción provocó que un fragmento de mi aura quedara como fantasma errante hasta hoy. Llamé a ese fragmento de mi espíritu, y lo reintegré en mi 4º chakra, a mi espíritu, a mi ser esencial completo.
Algo de paz llegó a mí al hacer eso… mientras empezaba a experimentar cómo las fuerzas oscuras y esas conciencias iban pasando a través mío, liberadas hacia el espacio exterior, hacia el poder total del Padre Universo.

Gabriel seguía susurrándome, animándome, para que no flaqueara ni cerrara la compuerta.
Le pregunté que quién era yo en ese entonces, pues no me calzaba esa “vida” con lo que había entendido de la rueda de mis encarnaciones tras separarme de su linaje blanco. Y me explicó que era una familia perdida de ángeles, y que ya empezará a aparecer la información al respecto. Me repitió que no gastara energía intentando entender ahora…

Traspasada de frío, de una gelidez infinita, miraba mi casa, las hojas de mis plantas, mis mascotas, a Ayla, con una sensación de estar viviendo algo tan enorme, y de seguir aquí, en la tercera dimensión, en mi casa, seguía estando sentada, tomando un té… mientras lloraba, y acogía a ese fragmento mío perdido en la Polinesia, y seguía liberando seres de eones y eones atrás.

Todo era distinto, y lo mismo de siempre… tan enorme experiencia, vivida en la cotidianeidad de esta encarnación.
Comentaba con Ayla que quizás qué experiencias nos quedan aún por liberar, y que seguro son aún más grandes y dolorosas… y más liberadoras.

No sé cuántas horas duró la liberación… me fui a dormir, y seguía liberando.
Si ahora chequeo, ya todo pasó, mi alma de curandera polinésica está en paz, y ese fragmento escondido interdimensional está vacío. Y todo lo que había ahí fue reintegrado por el Padre Universo.

Ahora que ha pasado un mes, el recuerdo corporal del asco, la repulsión, el dolor, ya se fueron. Puedo ver ese recuerdo, volver a experimentarlo en paz.
Todavía no ha llegado a mi la información para entender qué pasó en esa vida tan antigua… por ahora sólo se que liberé algo enorme…

Y todo fue por un huevo…

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