El Altiplano

Publicado originalmente en el mes de Mayo de 1998  en El Ático

Te voy a hacer viajar al altiplano chileno, de Arica hacia la cordillera, al lago Chungara, Parinacota… Putre, Belén….

Esta zona es otro mundo, la primera vez subí de noche, con luna llena, hasta los 4.800 mts de altura…. donde ya te falta el aire, y el corazón parece latir un metro por sobre tu cabeza, hasta los 4.000 es soportable; pero de ahí para arriba mueren los valientes. Yo subí en hora de puna, a un lugar de puna (así se llama el mal de las alturas)… cuando llegué casi no podía con mi cuerpo, ni con mi alma… pero había luna llena, y llegamos a la falda del volcán Parinacota, detrás está el Pomerape…. todo en silencio, la luna bañando las nieves eternas de las cumbres… el silencio, donde hasta el latir de tu corazón y el paso de la sangre por tus venas se siente…. un frío seco que te quema la piel, con 25º bajo cero.

Esa vez estuve 7 días, empecé a tomar agua de una yerba que me dieron, la chachacoma, al segundo día ya podía caminar, correr, pero no mucho. Tu cuerpo trata de acostumbrarse a la falta del vital oxígeno, te mueves y tu nariz sangra; el aire tan limpio te duele adentro.
Allí las dimensiones son impresionantes, para mí no hay lugar mejor para sentirte cerca de la divinidad, la Pachamama… durante el día el sol te encandila, si vas en el verano, que corresponde a agosto, en la tarde la temperatura puede llegar a los 20º sobre cero….. el viento te limpia el alma… es todo traslúcido, brillante…. bello, silencioso, con poca vegetación y muy baja, seca en esta época del año… los flamencos que quedan atrapados en las pozas congeladas, y que se liberan como a la 2 de la tarde, para quedar atrapados otra vez a las 5…. hay vicuñas, llamas, alpacas, vizcachas…. algún puma que se acerca sigiloso, temeroso del hombre… cóndores que vuelan sobre tu cabeza, en el cielo más azul que he visto en mi vida, en el silencio más profundo que he escuchado…

Lago Chungara

El Chungara es azul, azul, azul… profundo, con el volcán Parinacota siempre bañándose en sus aguas… las parinas y las taguas lo habitan, pero también son moradores silenciosos… es de aguas frías, muy frías, a veces lo azota el viento, y hace que su superficie baile al compás de una música que no se escucha… porque hasta los pueblos son fantasmas allí… durante el día toda la gente anda pastoreando sus llamas y alpacas, las casas de piedra y techo de paja están solitarias, pareciera que duermen una siesta infinita… acaparando los rayos del sol en su interior, para cobijar a sus habitantes nocturnos…

Las iglesias que se levantan desde hace siglos, guardando en sus paredes blanqueadas a la cal historias que se acumulan desde que las edificaron los españoles… en la de Parinacota hay una mesa amarrada a un pilar, porque dicen que cada vez que va a morir alguien en el poblado la mesa sale de la iglesia…. está hecha en madera de cactus… amarrada con un lazo tejido en pelo de alpaca.

Iglesia Parinacota

La segunda vez subí en febrero, tiempo del invierno boliviano, con tormentas eléctricas, nevadas violentas…. todo verde, verde, verde, los bofedales con agua corriendo y cantando, las vicuñas retozando en ellos, la lluvia hace que te empantanes en el camino… no importa, hay que seguir; voy tomando agua de chachacoma de una botella, así que no me apuno… era carnaval de cuaresma en el altiplano, había fiesta en todos los pueblos, con bailes, enmascarados, harina y membrillazos, que por supuesto me llegaron por tomar fotos indebidas, allí no permiten que les robes el alma… En Belén, un pueblito pequeñísimo a 3.800 mts de altura, el carnaval era más íntimo, sólo unos pocos recorrían cantando las callejuelas con empedrados centenarios hasta llegar al lugar de las ofrendas, en un cerro vecino.. de noche, alumbrándose con fuego… rezando en su idioma, el Aymara… otra vez tuve que tomar un licor extraño, no podía despreciar la invitación a honrar a la Pachamama…. cuando enterraron las ofrendas me echaron, ningún extraño puede presenciar ese acto….No hay luz eléctrica en estos pueblos, ni menos teléfonos… o la luz es sólo por unas horas… son pueblos fantasmas, habitados por viejos, los jóvenes han emigrado a la ciudad en busca de un mejor horizonte que nunca encontrarán lejos de su tierra, sus montañas y sus raíces… sus almas se les quedan en esos muros de piedra, con ventanas pequeñas, para no dejar escapar el calor.

El día anterior había estado tres horas al frío, sentada en un cerro… en medio de la noche, sin luna… con las estrellas casi tocándome, ninguna luz cerca, 25º bajo cero… no importa, tengo que escuchar el sonido del silencio…. lo escuché… quizás por eso me impactó tanto el bullicio de la selva…

La tercera vez voy a subir al Altiplano por Antofagasta y bajar por Arica, son muchos kilómetros de viaje, sin bencina ni hoteles…. pero ya estoy armando el grupo, no puedes ir solo, porque la montaña no te lo permite, ni la Pachamama tampoco. Para mí subir al altiplano es todo un rito, apenas enfilo por el valle hacia el interior, ya voy en un estado místico…. es un lugar en el que siento la pequeñez del hombre.

Como te imaginarás, mis vueltas a Santiago después de estos viajes son ¡trágicas!… el smog me ahoga, a veces me cuesta recordar que tras esa nube gris alumbra el sol… el mismo del altiplano.
Un dato: En Aymara no existen palabras agudas, luego se debe decir “Chungara” en lugar de “Chungará”.

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